Eco: Entre el rigorismo y la libertad

Qué interesante resulta leer una historia que aunque esté narrada en plena Edad Media resulta muy actual. Eso me pasó con El nombre de la Rosa de Umberto Eco.

Me parece que el punto medular de la historia son dos visiones del cristianismo representadas por los personajes de Jorge de Burgos y Guillermo de Baskerville.

Solemos pensar que la modernidad es una época inmoral, pero en realidad es todo lo contrario: es en un mundo altamente moralista, sobrerregulado y donde, a pesar de que se ha enaltecido la libertad, se asume es que el cumplimiento de leyes y el deber lo que nos justifica.

La propuesta kantiana ha triunfado culturalmente, propuesta moral que por cierto no tiene nada de cristiana. Creo que Eco ha descrito en su novela el drama de la modernidad, a pesar de que se desarrolla en la baja Edad Media.

Es fabulosa la adaptación cinematográfica de 1986 realizada por Jean-Jacques Annaud y protagonizada por Sean Connery. La historia trata sobre el monje benedictino Jorge de Burgos, quien busca mantener prohibido el libro de la Poética de Aristóteles ya que aborda el tema de la licitud de la risa, supone que si cae en manos incautas se desencadenará una serie de males incontenibles.

El anciano benedictino, de gesto adusto y amargado, intolerante y poco paciente hacia sus hermanos, argumenta que la risa no es buena para el hombre porque puede llevarlo a perder el miedo al infierno y a creer que no necesita a Dios.

El franciscano Guillermo de Baskerville se formó también en una visión legalista de la religiosidad y de la vida, pero con el transcurso de los años apuesta por el riesgo y por la libertad.

El autor retrata una transformación interna en el religioso, para él la conversión implica romper con una tradición moral que lo ahoga y no le permite vivir la vida.

Jorge de Burgos representa a una visión de mundo donde Dios castiga y por ello hay que reprimir a quien no se somete a la autoridad religiosa, por lo que busca conservar el estado de las cosas, mientras Guillermo de Baskerville alienta la inquietud del conocimiento, invita a aventurarse en las posibilidades de una vida que no censure nada de lo humano, cree en un Dios que ama y no castiga y está a favor de la risa y no del miedo, actitud que lo confronta con el benedictino.

El camino que tomó Guillermo de Baskerville seguramente no estuvo exento de errores y equivocaciones, pero toma el riesgo de ser libre.

Mientras tanto, Jorge de Burgos apuesta su vida a mantenerse en la oscuridad y en las sombras. El secreto, el moralismo, las lecturas políticas de la escritura, las alianzas cómplices con otra monjes y un dios a la medida de sus conceptos lo caracterizan.

Guillermo de Baskerville sabe que sólo puede se puede encontrar el amor en la libertad, Dios no se encuentra en las seguridades del miedo y del control. Es un fiel hijo de la orden franciscana, no es un rebelde irracional. No está en contra de toda tradición ni toda autoridad, sino sólo contra aquello que deshumaniza.

Muchos buscan la seguridad que ofrece el cumplimiento de la ley, pero el sentido de la vida se encuentra en otro lado. La risa, el riesgo, la libertad, la amistad auténtica, la posibilidad de equivocarnos nos va haciendo personas auténticas, nos hace vivir nuestra propia vida.

Cuando alguien identifica el cristianismo con estilos morales y propuestas conservadoras como la que representa Jorge de Burgos, santos como Ignacio de Loyola o Francisco de Asís nos demuestran que la vida nos lleva a romper con las seguridades que ofrece un mundo cada vez menos propicio para las personas libres. Esta es la manera de entender mejor los dramas humanos y esa es la enseñanza del personaje de Baskerville. Recomiendo leer y releer a Eco.