El grito de Guernica

Ante la grandeza de esta obra del siglo XX podemos expresarnos de diversas maneras; unos pueden afirmar que es una composición extraña y que su tan extravagante estilo no amerita el precio y la fama que tiene. Incluso pueden pensar que esta obra debería más bien ser artículo de perspectivas y de críticas excepcionales.

Lo cierto de ésta es que quienes le contemplan pueden decir al unísono lo cruel que suena el mensaje de la guerra. Y cierto, el cuadro logra quitarte la paz, sentir algo extraño entre sus colores grises y sus figuras revueltas y desacomodadas. La guerra trajo consigo la inestabilidad del ser humano, desde el principio, por qué no decirlo así. Pero Guernica es un grito desesperado de paz, una necesidad que en el ser humano se vuelve tan indispensable como la vida misma.

En el lado izquierdo de quien contemple el cuadro se puede notar, lo que es para mí, la más desgarradora imagen de la composición. Una mujer desesperada con un niño muerto en las manos. El gripo desgarrador de los sobrevivientes no sólo claman por sus familiares y amigos que les han sido arrebatados, sino por la crueldad y desgarradora realidad que les dejará para siempre una bomba, una balacera, un enfrentamiento bélico frente a ellos.

Guernica fue la forma de Picasso de explicar lo cruel de la guerra y lo necesario de la paz. Pero, ¿cuál ha sido el Guernica que llevamos dentro?, ¿cuál es nuestra proclamación en contra de la guerra que combatimos a diario por buscar la paz verdadera? Es importante que tomemos en serio la crueldad de la guerra, la severidad de buscar los intereses políticos y económicos por encima de la gente, dela vida de tantos, de la necesidad verdadera del pueblo. Es urgente que valoremos esta seriedad ante el tema, una necesidad que no puede ser callada, porque en algún momento la guerra cobrará su factura y será reclamada por aquella mujer con un niño muerto en sus manos.

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