Abrir las manos y entregar un sol

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A mí me parece que lo verdaderamente trágico en este mundo no son los planes siniestros de los perversos, ni siquiera la idiotez de quienes atestiguando la injusticia se hacen los disimulados para evitar problemas, lo verdaderamente trágico es la pereza de los cínicos, la apatía de quienes contemplan los abusos de los más crueles y asumen en ello una expresión inevitable de la  naturaleza humana, como tantas veces se repite por aquí y por allá; se equivocan terriblemente y deben pagar por sus omisiones. Si bien es cierto los seres humanos somos imperfectos y propendemos a los desvíos, no menos cierto es que esa naturaleza humana cristaliza también en enormes actos de generosidad y entrega sin los cuales nuestra civilización humana hubiera desaparecido de la faz de la tierra hace mucho.

Solamente quien se dispone a vivir con todas sus fuerzas es capaz de llevar un sol entre las manos y es capaz también de entregarlo a los demás sin menoscabo alguno de su tesoro. Estoy hablando del amor, por si no ha quedado claro, del amor y la pasión, de la alegría cotidiana de este milagro que se nos entrega diariamente en las calles y avenidas de la ciudad o en la mesa de la casa, o en la misma intimidad de nuestros pensamientos.

Te voy a decir algo, esta luz es contagiosa y a poco que uno repara en ella, uno también comienza a iluminarse poco a poco con los colores de la esperanza. No entender estas cosas que digo –gracias al Guillén cubano- es caminar por el mundo con el alma llena de derrumbes y muerte.

No voy a negar la maldad del mundo, pero lo que no voy a hacer jamás es usarla como excusa de mi pereza, mi egoísmo y mi falta de solidaridad con los demás.

Autor: Álex Ramírez-Arballo

Álex Ramírez-Arballo. Profesor de cultura y literatura latinoamericanas en la Pennsylvania State University. Doctor y maestro en literaturas hispánicas por la University of Arizona. Poeta y escritor. En el mundo académico imparte cursos de lengua y literatura latinoamericana, así como un taller de composición para hablantes nativos durante las primaveras. A la fecha ha publicado cinco libros de poesía, uno de crónicas y un libro de ensayos: Las comuniones insólitas (ed. UNISON 1998); El vértigo de la canción dormida (Ed. UNAM 2000); Pantomimas (Ed. ISC 2001); Oros siempre lejanos (Ed. ISC 2008); Las sanciones del aura (Ed. ISC 2010); en crónica: Como si fuera verdad (Ed. ISC 2016). Su libro de ensayos se titula: Buenos salvajes –seis poetas sonorenses en su poesía. Ha sido ganador de premios de poesía a nivel local (Sonora) y nacional, como el premio Clemencia Isaura (1999), los Juegos Trigales del Valle del Yaqui (2001), mención honorifica en el premio Efraín Huerta de poesía (2001), así como los premios binacionales Antonio G. Rivero (1998) y Anita Pompa de Trujillo (2006). Sobre su obra poética, el Diccionario de escritores mexicanos dice: “La poesía de Álex Ramírez-Arballo se proyecta como una exploración dentro de los territorios del pasado, la oscuridad y la ausencia. Esta sensación de vacío surge porque los elementos verbalizados son definidos no por lo que son, sino por lo que un día fueron: la infancia, el amor, el lenguaje, etcétera. En sus poemas proliferan las imágenes relativas al fenómeno de la mirada, la enunciación poética, el inconsciente y los procesos del sueño”.

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