¿Por qué le tememos a la soledad?

Uno puede vivir una vida adulta solitaria, pero no sin ser amado. La soledad, como la interpretamos en este texto, es precisamente eso, no tener quién nos quiera. Y por una razón no tan evidente no estamos hechos para vivir sin amor. Es más, la vida totalmente solitaria, para no perecer, tiene que inventarse la presencia de alguien, como en la película “Náufrago”, el protagonista se inventa a “Wilson” para no caer en la locura.

Nuestra constitución humana nos manda ser duales, o dicho de otro modo es un hecho no generado por el hombre que estamos constituidos para otros. Es lo que el Prof. Pedro Juan Viladrich llama “la estructura esponsal de la persona”, en su último libro “Antropología del amor” (2018) publicado por la editorial de la peruana Universidad de Piura.

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Lo opuesto a la soledad, en el contexto de nuestro artículo, no es el vivir junto a otros, sino el ser amados.

Estar solo es tener que llevar la propia existencia solitariamente, sin ayuda, y eso sencillamente aunque no es totalmente imposible, sí es angustiante, terrorífico. Lo atestigua bastante bien la obra Ser y Tiempo, del filósofo alemán M. Heidegger. El ser humano, el Dasein que se las ve solo con su estar proyectado en la existencia hacia el futuro realiza su vida sin ningún tipo de compañía. Es artífice de su propio destino. Y su destino es un abstracto autocompletarse. Y como dice Jean-Yves Lacoste, el Dasein ni ama ni es amado y, de este modo, el Dasein se desangustia en el trato con el mundo y las cosas, no por los otros. Los otros no suman ni restan en el destino del ser humano como lo entiende Heidegger.

El paradigma del hombre sólo sería el caso del huérfano. Pues los padres son nuestros primeros amantes. El miedo a estar solos, lo reitero, es el miedo a este abandono, a la orfandad. Será por eso que varios médicos y científicos que estudiaron casos de niños hospitalizados mostraron resultados pesimistas para los niños huérfanos en comparación a los niños con madres. El niño huérfano tiene un altísimo porcentaje de desarrollar desequilibrio mental, neurosis o personalidad patológica respecto del niño que recibe la atención directamente de su madre. Esta son algunas de las famosas conclusiones del Dr. René Spitz, respecto de sus experiencias con niños de hasta 18 meses de edad en estado de hospitalización, comentadas en un libro ya clásico: “Las virtudes fudamentales” de Josef Pieper.

Resumiento hasta aquí, lo contrario del amor no es el odio, sino la soledad.

Y ¿qué significa ser amado? ¿Qué importancia tiene en relación a nuestro existir? Pues que ser amado es ser promovido en el propio ser. Decir al otro “te quiero”, es decirle: “Soy feliz porque existes”, “tu existencia me da sentido”. Y el paradigma de este amor lo hacen efectivos los padres, que son el origen gracias al cual podemos desarrollar nuestras posibilidades existenciales en el mundo.

Padecer soledad es ser un Dasein, es tener que cargar con todo el peso de la propia existencia uno solo, como Sísifo carga su piedra hasta la cima de la montaña. Nosotros solos podemos hacer efectiva una vida “plena” en cuanto al proyecto que nos proponemos realizar pero esa plenitud es una plenitud vacía y abstracta. “Plenos” pero infelices. “Completos” pero abandonados de los demás.

Existir no es solo existir con otros o junto a otros, sino fundamentalmente para-otros, como lo afirma de varias maneras el filósofo francés Emanuel Levinas. Somos “seres-para-otros”, antes que autosuficientes. La autosuficiencia biológica de nuestro organismo no basta para la consecución de la existencia, pues la historia biográfica del animal humano no se reduce a un mero transcurrir. Y el mero transcurrir no tiene sentido en sí mismo. El ser humano es un ser vivo cuya existencia va mucho más allá del desarrollo de la mera vida psico-biológica y material. Incluso el desarrollar las posibilidades de nuestro existir en el cuidado de sí y en el trato con las cosas, como por ejemplo, en el caso de desarrollar una identidad tiene una significatividad casi frívola en comparación con lo que significa dirigir nuestra biografía a afirmar la vida del otro.

Vivir sin ser amado es una tarea fútil cuando sólo se trata de desarrollar mis capacidades humanas y las posibilidades de mi libertad. En definitiva la libertad que me libera de verdad adquiere todo su valor en que de ese modo puedo liberar a los demás y hacerlos sentir como partes de mi proyecto. Vivir una vida plena en la que somos amados y confirmados en la existencia, esto es acompañados, es vivir una vida cuyo sentido pasa originariamente por liberar a los otros antes que a mí mismo.