Más allá de la costumbre

La realidad inmediata puede ser una falsificación que limita nuestra posibilidad de acción; es preciso romper la esfera de lo evidente y evaluar realidades lejanas. Quiero decir que nos encontramos frecuentemente atrapados por el escenario en el que nos desenvolvemos, atribuyéndole al entorno, que es particular y minúsculo, la condición de lo total. Nuestro mundo no es el mundo.

Entiendo claramente que esto es natural. Nuestra capacidad de interacción con la realidad se encuentra limitada por el espacio; no tenemos el don de la ubicuidad como para estar aquí y allá al mismo tiempo. Sin embargo, hay algo que sí podemos hacer: migrar, salir voluntariamente del escenario acostumbrado en el que nos desenvolvemos a diario.

Esto es algo muy sencillo de comprender, aunque muy difícil de realizar. Nuestra mente se encuentra programada para permanecer en el universo de lo conocido; es natural que así sea: prefiere la seguridad a las experiencias nuevas. Pero lo difícil, por arduo que sea, no es lo mismo que lo imposible. Es un alto imperativo moral e intelectual trascender los perímetros de la costumbre; sin este abandono del espacio y las circunstancias de nuestra cotidianeidad, estamos condenados a la pudrición existencial. ¿No es acaso evidente que emprender estas pequeñas aventuras durante la semana es una fuente de sentido (direccionalidad) en nuestra vida? La analogía no es perfecta, pero pensemos en cómo funcionan los video juegos: una estructura de logros ascendentes organizados en virtud de su complejidad. Resulta muy satisfactorio ir dominando lo que al principio se nos mostraba como superior a nuestras fuerzas; así sucede con nuestras pequeñas conquistas.  

Piensa en esto, el crecimiento o desarrollo personal no es otra cosa que una serie sucesiva de abandonos. No se conquista un nuevo territorio sin abandonar antes la calidez del hogar y se arrostran riesgos y abiertos peligros; en este sentido es absolutamente justificable hablar del ser humano como un explorador constante capaz de hacer de las veinticuatro horas del día una geografía sobre la cual expandir sus insaciables deseos de conocimiento.  

La realidad no es algo dado, es algo elástico que necesita de nuestra creatividad para que sea siempre algo más. Los deterministas se empeñan en establecer una relación causal entre las condiciones externas y la vida de una persona, ignorando groseramente el tesoro más grande que poseemos todos los seres humanos: la voluntad.

No estoy hablando, claro está, de realizar grandes saltos, que por regla general terminan siempre en nada. De lo que hablo es de ejercer un carácter curioso y valiente, asumiendo con dignidad que podemos y debemos extender los escenarios de nuestra vida, buscando todo el tiempo interactuar con otras personas, asumiendo que es posible hacer más, pero mucho más de lo que creemos podemos realizar. No me cabe la menor duda de que las capacidades que implementamos diariamente en nuestras faenas permanecen siempre en niveles mínimos. Lo paradójico es que a pesar de esto solemos quejarnos de que la vida que vivimos no es lo que queremos, que la mediocridad y la grisura nos acosan y nos impiden ser felices. Parece ser que el ser humano es el único animal que busca cosechar precisamente ahí donde no ha sembrado.