La utilidad de lo inútil

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Ya en algún momento les platiqué a grades rasgos del maravilloso proyecto que iniciamos mis hijos y mi esposo al fundar la biblioteca “El Gato de Alicia” y sobre la actividad del cine filosófico, ya les contaré en otro artículo con más detalle su historia y como nació.

En esta ocasión les platicaré de otra de las actividades que ha cobrado mucho éxito y se ha vuelto muy popular: opté por realizar pequeñas presentaciones y exposiciones al público que he llamado “conferencias”, que versan sobre temas que me parecen de interés y que en mi trabajo como psicóloga observo que llegan a ser hasta cierto punto preocupantes.

Con la intención de invitar a la reflexión, casi siempre tomo como base algún libro sobre el tema que me ayude a argumentar y a poner en contexto la situación planteada. Una de las conferencias que ha gustado mucho fue la titulada “La utilidad de lo inútil” y está basada en el famoso manifiesto de Nuccio Ordine que lleva el mismo título. 

Nuccio Ordine es profesor, filósofo y uno de los mayores conocedores del Renacimiento y del pensamiento de Giordano Bruno. En la actualidad es profesor de Literatura italiana en la Harvad University Center for Italian Renaissance Studies y del Aleander von Humbolt Stiftung. Navegando por internet, buscando información sobre la función actual de las universidades y de cómo han perdido la noble intención para la que fueron creadas, encontré una conferencia de este revolucionario filósofo que se ha convertido en un crítico de las mismas y defensor acérrimo de las humanidades. Fue así como indagué y encontré este bello manifiesto.

En mi conferencia abro con estas preguntas que serían los puntos a tratar y que nacen de lo que he observado durante mis más de 20 años como psicóloga, trabajando con pacientes de diversas edades en el consultorio y de lo que observo en nuestro diario vivir: ¿para qué sirve la filosofía, la psicología, la literatura, el arte, la religiosidad?, ¿cuál es la utilidad de todos los saberes que aparentemente no producen beneficios?, ¿a qué nos referimos con “utilidad”?, ¿cómo está afectando la pérdida de lo aparentemente inútil al sentido de humanidad y al estado mental y emocional de las personas?, ¿puede la depresión tener alguna conexión con la exclusión de los saberes inútiles de nuestras vidas?

Después de abordar un poco de la biografía del autor, planteo la definición que Ordine nos presenta de lo que significa “utilidad” y de la importancia de aquellos saberes que son fines por sí mismos y que precisamente por su naturaleza gratuita y desinteresada, alejada de todo vinculo práctico y comercial, pueden ejercer un papel fundamental en el cultivo del espíritu y en el desarrollo civil y cultural de la humanidad y es que en realidad se considera útil todo aquello que nos ayude a hacernos mejores.

Esta inquietud por la utilidad de lo inútil nace por la dificultad que muchas personas tienen para entender la pasión que pongo en mis proyectos y por qué considero que son esenciales. Y es que la psicología y la filosofía son actualmente áreas consideradas poco importantes, aun este pleno siglo que presume de progresista y diverso ir al psicólogo, lo que en realidad sigue siendo un tabú. En lo personal, la gente me ha dicho que siente pena por mi, porque consideran que la psicología y la filosofía son charlatanería que no sirve para nada.

Después de las preguntas ofrezco a los oyentes un pequeño panorama actual sobre la salud mental y emocional a nivel internacional. Les comparto estadísticas de cómo en los países de primer mundo de los que tanto presumimos y tomamos como ejemplo para enarbolar el progreso, presentan altos índices de depresión, principalmente en sus ciudadanos más jóvenes, así como problemas de alcoholismo, suicidio y hasta de violencia intrafamiliar. Les platico del informe llamado “En la sombra de la felicidad” en donde analizaron datos recogidos a lo largo de cinco años -entre 2012 y 2016- para tratar de construir un mejor panorama de las llamadas “superpotencias de la felicidad” y les platico del ya famoso documental “La teoría sueca del amor” en donde su director Erik Gandini lanza una hipótesis provocadora y nos invita a viajar a la Escandinavia de los años setenta convertida en el paraíso terrenal de los ateos progresistas en el cual los gobiernos nórdicos aceleraron entonces una de las grandes operaciones de liberación individual de la historia: que ninguna persona (mayor, joven o enferma) tenga que depender de otra para subsistir y después de casi más de cuarenta años podemos ver algunas de sus consecuencias.

De ahí hacemos una interesante reflexión de lo que hemos llamado calidad de vida y, por supuesto, felicidad. Porque mirando el panorama, estos países de primer mundo parecen más bien estar satisfechos con su calidad de vida en términos de comodidad y economía pero están muy lejos de ser y sentirse felices, como lo demuestran sus estadísticas en temas tan delicados como los ya mencionados y que nosotros, en el sureste de México, vivimos muy de cerca. Por ejemplo Yucatán, a pesar de ser el estado más seguro del país, registra 5 veces más muertes por suicidio que por homicidio a pesar de haber sido nombrado por la ONU como uno de los mejores del mundo, y en particular de México, para vivir.

Por último, intento plantearles a los presentes, desde mi muy limitado conocimiento, lo que se define por naturaleza y persona, desde la corriente filosófica que estudié y que confieso me ha brindado herramientas increíbles para poder comprender y ayudar de forma más profunda y certera a mis pacientes y por lo que actualmente estoy estudiando un diplomado en Antropología Filosófica Contemporánea, porque pienso que el tema de la Naturaleza es probablemente el meollo del asunto en todas nuestras crisis existenciales que terminan en problemas psicológicos que ahora alcanzan no solo a los adultos, sino a niños y adolescentes, quienes llegan a mi consultorio con una frecuencia intensa que en mis veinte años de ejercicio profesional jamás había visto.

Mi conclusión, retomando lo defendido en el manifiesto, es que justamente porque hemos negado lo que realmente necesitamos, negando nuestra naturaleza humana, es que vamos en declive en los temas más esenciales, que desgraciadamente en las aulas universitarias se ha excluido. Esos saberes que se consideraron inútiles porque aparentemente no “producen”, los hemos eliminado no solo de las instituciones sino de nuestras casas y de nuestra vida en particular.

Mis pacientes difícilmente pueden intentar recuperarse porque se resisten a soltar esa vida “útil”, aparentemente productiva, en donde ya no solamente los adultos, sino también niños, están atrapados. Son precisamente aquellas experiencias esenciales las que realmente les ayudan a ser quienes son. Por ejemplo, volver a tocar un instrumento que por años practicaron, pasar tiempo con su familia, disfrutar de una tertulia literaria con amigos, estudiar algo por el simple gusto de aprender o, ya en extremo, renegar de los asuntos religiosos porque hemos realmente creído que las religiones han sido el opio del pueblo, cuando las estadísticas nos demuestran que en países de primer mundo a pesar de que disminuyen los creyentes y desaparecen las iglesias, también aumentan los suicidios, la depresión y el consumo de ansiolíticos, así como de antidepresivos. Son justamente las personas más religiosas las que tienen más probabilidades de ser felices.

Cierro la conferencia, en medio de un silencio abrumador y con la visible muestra de rostros estupefactos, con una lista de ideas para llevarnos a casa para pensar y con posibilidad de grandes reflexiones que Nuccio Ordine me obsequió en su manifiesto y que pude conectar de maravilla con lo que vivo y miro a diario, aquí les comparto solo algunas:

  • “En los pliegues de las actividades superfluas, en efecto, podemos percibir los estímulos  para pensar un mundo mejor”.
  • “En los momentos de crisis económica, cuando las tentaciones de utilitarismo y del mas siniestro egoísmo parece ser la única estrella y la única ancla de salvación, es necesario entender que las actividades que no sirven para nada podrían ayudarnos a escapar de la prisión a salvarnos de la asfixia, a transformar una vida plana, una no vida, en una vida fluida y dinámica, una vida orientada por la curiositas respecto al espíritu y las cosas humanas”.
  • “La supervivencia de nuestra civilización se encuentra estrechamente ligada a la dignificación del espíritu, al despertar de la sensibilidad. Somos algo más que un buen trabajo y una hipoteca”.
  • “Las humanidades ayudan a conocer reflexivamente la historia para poder encontrar el propio lugar en el mundo”.

Al final, aunque nos resistamos, estos saberes inútiles nos ayudan a contestar la pregunta esencial que ha sido apagada por nuestro entorno abrumador: ¿quién soy?, que ha sido sustituida por ¿quién quiero ser? Nos ayudan a descubrir nuestras necesidades, que tristemente se han sustituido por deseos y placeres. Gracias a estos saberes puedo ser más crítico y no solo aprender a pensar, sino elegir en qué pensar y no me llenaré la cabeza únicamente de preguntas y dudas, sino que podré hacerme las preguntas adecuadas.

Cada vez que he dado esta conferencia ha sido una experiencia realmente increíble, a pesar de esos rostros atónitos y, en donde estoy segura, rondan ahora miles de preguntas y cuestionamientos. Puede escucharse, como hermoso cierre, una ovación de aplausos que después se convierte en una amena charla con personas que se acercan para felicitarme y platicarme de situaciones que ahora entienden, sobre cosas que están viviendo. Yo solo sé que hablo desde mi experiencia, que contrastándola con la realidad ha resultado enriquecedora y, a pesar de lo que todos creen, me ha sido mucho más útil que todas esas teorías e ideologías que se venden en el mercado actual de la posmodernidad. La utilidad de lo inútil es más útil de lo que creemos, los invito a intentar y probar.