Viejos Muros

Traducción por: Daniel Ramos

Creo que no hay duda que afirmar que la sociedad del consumo sea el triunfo del presente. Y este no es la excepción, ya que el consumo está siempre presente por el gozo que promete. Así para los acontecimientos, apenas que ocurren, son transformados gracias a los medios de comunicación, -hoy en día dominando en estos las redes sociales- que hacen que instantáneamente se consuman y así se pasa a lo que viene. “Se de vuelta a la página” diríamos más comúnmente.

Pero debemos recordar que el tiempo del hombre no es sólo presente, es también historia, y una historia que, en la sucesión de sus decisiones, su incertidumbres y errores, se conecta con su pasado y su futuro.

Dice San Agustín en sus Confesiones:

“¿Qué es entonces el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé. Si quiero explicarlo a quien me lo pregunta, ya no lo sé.”

Y Monseñor Ravasi: “… Iluminadora es la distinción entre el Chrònos, que es el tiempo cronológico convencional, medido por los relojes, y el Kairòs, el tiempo existencial, personal, lleno de vivencias, emociones y pensamientos.”

Precisamente el Kairòs era el aspecto que quería comunicar como docente en mi clase, es decir comunicarlo en su realidad de relación, de diálogo con el pasado. Como memoria y profunda unidad con las generaciones que nos han precedido y con las cuales es bueno sentirse en deuda.

Sí, porque las cosas pasan, se transforman, se desmoronan. Las ideas mutan, explotan, generan novedad. Entonces, ¿Cómo escuchar, comprender, amar? ¿Cómo colorear y pensar esta relación?.  El tiempo tiene sus propias palabras. Es deber nuestro descubrirlas y tomar conciencia de sus significados para habitar el mundo.

A tal intención me fue providencial el encontrar en una revista de muros descarapelados, decadentes, golpeados por el tiempo al punto de serme una expresión de algún contenido, de una idea. Incluso el color cumplía un rol misterioso que hacía que se intensificara el significado y así revelar una carga emocional con creaciones suyas, éstas de inéditas armonías.

El mismo muro después con su decrepitud, me sugería un pensamiento: ¿Por qué no tenemos las ganas de derribar las barreras para crear una continuidad ente espacio interior y espacio exterior? Dice R. Mussapi, poeta italiano:

“Si no te fascina la superficie, no tendrás esperanza de ver lo profundo”.

Ante las imágenes, en discusión, dando libertad de expresión, mis alumnos asociaron ideas, pensamientos, invenciones que, dadas de los unos a los otros, prometieron de hacerlas convertirse en ocasión de conocimientos y descubrimientos, tomando la posibilidad de nuevas creaciones y emociones de una evidente historicidad.

En este artículo, sus expresiones vendrán enriquecidas por otro lenguaje: el fotográfico. Pedí gustosamente la ayuda a Fray Daniel Ramos (quién también escribe en este espacio virtual) con el objetivo de hacer fuerza para lograr armonizar esta reflexión con otro tipo de belleza que llama a la profundidad que existe en cada uno de nosotros cuando, para ayudar al otro, se le hace partícipe de su propio ser, del propio poiéin, de la propia voluntad y capacidad de establecer relaciones y de mirar el mundo con la personal carga emocional y con la propia sabiduría.

Les comparto las reflexiones de mis alumnos, convencidos de que, si algo se ha comunicado no morirá sino que vivirá en aquel que lo ha recibido.

  1. Un reto: encontrar la expresión plástica en los colores de los viejos muros.
  2. El pasar el tiempo como solicitud del pensamiento para nuevas creaciones sobre la base de la posibilidad cromática de las tintas.
  3. El tiempo corrompe y transforma todas las cosas, en esto se revela su historicidad.
  4. Un  juego: atmósferas y sensaciones rodean una imagen definida.  
  5. Resane. Como se hace con el yeso. Una posibilidad de redescubrir cosas, colores y vivencias.
  6. El pasar del tiempo sobre el color, las sorpresas cromáticas de las tintas sugieren la idea de nuevas creaciones.
  7. También los muros tiene  una vida. Las descarapeladas, la pérdida del color se convierte arugas del tiempo.
  8. El tiempo pasa pero no altera la belleza. Lo antiguo logra emocionar.
  9. El tiempo, como todo pintor, modifica continuamente su cuadro. Los descarapeles, los desmorones, las caídas del enjarre son detalles que pueden significar mucho. Dan testimonio de una historia. Tienen sus propias palabras para contarla.