¿Qué es ese secreto que nos separa?

¿La carne?
Ya no es un puente roto.
¿El silencio?
Esa es tu casa.
¿La oscuridad?
Es tu vestido.

Yo mismo soy mi separación.
Fui pronunciado por ti.
De tu exhalación más íntima yo nací.
Pero tengo un corazón demasiado herido;
todo se escapa.

Tú eres el eterno,
tú siempre eres,
pero yo no;
estoy roto,
siempre roto,
peregrino de mis gritos dispersos,
elevado a la divinidad a ratos.

¿Qué queda?
¿Qué permanece?
Tu divinidad
y mi herida.

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