El altar de difuntos en Italia

(‘Día de muertos’ en la histórica iglesia de Santa Maria Maggiore en Tivoli, Lazio. Italia.)

Delante de mi tengo el altar a los difuntos, lo observo con atención, aquella atención que puede surgir de una italiana que queda admirada por el color, por el aire de fiesta que llega a abrazarnos.

Ante esta realidad fascinante se experimenta el ser mirados por las imágenes de varias personas que ya viven la realidad para la cual nacieron y que fueron llamados a compartir con la Trinidad, que también nos mira desde lo alto, más allá de la puerta que la sabemos no cerrada sino para indicar el camino, un camino que no atemoriza porque es del color del oro, significado y representación siempre de la divinidad.

“…la puerta que la sabemos no cerrada sino para indicar el camino, un camino que no atemoriza porque es del color del oro”

Nada falta a eso que enriquece la vida y que, viéndolo bien, pone de manifiesto que somos llamados al compartir. Compartir las miradas, aquella que nos acompañan y nos hacen sentir, a cada uno, al centro de una relación. Podría pensarse: ¿un compartir del alma?. Un compartir eso que nos permite vivir, la mesa está a rebosar y lista la fiesta como cuando los ángeles visitaron a Abraham, siempre el pan con todo lo que sabe acompañarlo bien que, en conjunto, es un símbolo de acogida humana. De modo que la parte divina y aquella humana me están al frente; es la fiesta de quien se siente amado y quiere verdaderamente amar.

Todo esto nos lleva a una reflexión: en nuestras sociedades tantas certezas logradas hasta ayer se han hecho “liquidas”, de esto se origina una confusión de ideas, de elecciones, de componentes. De modo que el encontrarnos de frente a este testimonio de fe, de unidad del pasado y presente nos permite creer que el Espíritu Santo jamás nos retira su ayuda, la falta de esa jamás se deja sentir. Su luz siempre está presente y en sobremanera, justo como las velas y veladoras de todo tipo encendidas tenuemente que veo al contemplar el altar.

Nos sentimos, a través de los colores, abrazados por una amor que se extiende como un arcoíris que está ahí para indicarnos que ese Amor no cesa jamás de inundarnos de tantas maneras y con tantos matices. Los colores hablan de una presencia que quiere crear lazos interpersonales para inundar al mundo de lo divino y crear nuevas realidades.

Tengo delante de mí, de nosotros, la creatividad de un pueblo que, entregándonos su  sabiduría, ofrece su propio patrimonio religioso y cultural en este intercambio de valores y experiencias de vida. Una vida donde se lucha para anular el dominio de la separación. Y además, a la izquierda, un poco escondida, está la sonrisa de la Virgen de Guadalupe, ¡no creo que sea poco!.

Altar de muertos animado por la fraternidad de frailes franciscanos mexicanos de la Parroquia de la Santa Cruz en Santa Maria Maggiore de Tívoli. 2019.