Meditación sobre la necesidad

Viajo en metro. Una señora irrumpe en el vagón con sus dos hijas y de pronto se para con ellas en una de las puertas. Comienzan a cantar: «¿Quién te cantará?». Desafinan. Quizá por el cansancio, quizá por hambre, tal vez por hastío. Pasan entre los viajeros pidiendo una moneda. Nadie les da nada. Yo mismo no tengo nada qué ofrecerles. El semblante de la mujer ya no se inmuta, acostumbrada estará al desdén.

Pienso en la necesidad de esa mujer y esas niñas. El pan es la necesidad más evidente, pero no es la única. Desean ser felices y viven con tanta precariedad, orilladas a mendigar cerca de la media noche en los vagones que van hacia el oriente de la ciudad, expuestas seguramente a infinidad de peligros, huyendo tal vez de otros en su casa o en su barrio.

Me lamento de no tener una moneda para ofrecerles y pienso que aunque la tuviera, tampoco bastaría para resolver su necesidad.

Pienso en la confusa época por la que atravesamos, tantas promesas de los políticos y tan compleja la realidad. Y ni siquiera los políticos mejor intencionados pueden atender la necesidad de esta madre y estas niñas. No pueden atender su necesidad, su verdadera necesidad. Pero, ¿quién puede?

Desde antiguo las personas buscamos a Dios, un concepto para muchos pasado de moda, trasnochado o definitivamente equivocado. Pero en torno a Dios, a ese Misterio dueño del ser, es que los hombres pueden reconocerse como hermanos, es decir, iguales en dignidad. El Misterio es fuente de nuestra dignidad y nos impulsa a atender las necesidades de pan de los hombres y mujeres, pero no sólo la necesidad de pan, aunque no se puede obviar la necesidad de pan. El Misterio ha tenido piedad de nuestra necesidad más radical, que es aquella que ha hecho decir a Jesús: «no sólo de pan vive el hombre».

Reconociéndonos hermanos, en el sentido que he dicho antes, podría haber una posibilidad para atender la necesidad de los otros y nuestra propia necesidad. Esta hermandad no nos haría depender de la política, o mejor dicho, nos movería a hacer verdadera política, la que es transversal, la que pasa por la organización civil. Al final no contaría tanto ser de izquierdas o de derechas. Al final lo que contaría sería atender la necesidad, la necesidad de pan y la necesidad más radical, que compartimos todos y que nos hermana.