Cuando se quemó el mar…

¡Ayuda, el mar se quema!
y ahora, ¿cómo lo podremos apagar?
Hace un momento asomé por mi ventana
y no pude creer aquello frente mío:
el mar se quemaba
o, al menos, eso parecía.
Todo era tan rojo, rojo fuego;
el cielo era de colores tan vivos
que aquello perecía en sí mismo.
Por eso grité enseguida:
¡el mar se quema!
¿Cómo podré remediarlo?
¿Valdrá la pena extinguir su fuego
o solo dejar que me consuma
con él…?
Ahora que lo pienso,
una vez leí que estaba condenado
a ser ceniza.
¿Por qué mejor no serlo
de algo bello, de algo que valga la pena,
de algo eterno?
¡El mar se quema y yo con él!

12/12/19

Autor: Fray Luis Cisneros

Como tú, yo busco la esencia de las cosas: de lo que nos rodea, de lo que somos, de lo que nos habita, de lo que es invisible a los ojos. Soy franciscano y te invito a ver en las cosas la belleza que Dios ha puesto en ellas. La poesía es la forma más directa para lograrlo...

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