Comentario sobre el pensamiento de dos grandes de la metafísica: Quentin Meillassoux y Erich Przywara

En estas vacaciones de invierno me he puesto a releer dos textos que en el último semestre me han apasionado. Me refiero a las obras Después de la finitud de Quentin Meillassoux y Analogía entis de Erich Przywara. Me parece interesante comparar el pensamiento de estos dos, ya que son dos filósofos que se diferencian radicalmente, pero caracterizan el pensamiento tan diverso de nuestra época. El primer filósofo plantea en su libro la titánica tarea de volver a generar un espacio que la filosofía, según él, se había auto-negado: lo absoluto. El segundo filósofo, lleva a cabo su tarea desde la relación tensional entre necesidad y contingencia. El propósito de este breve texto es mostrar los puntos de aproximación y divergencia entre las nociones de hiper-caos y posibilidad pura, con la finalidad de reflexionar sobre los alcances y limites de estos filósofos.

Según Meillassoux, la contingencia constituye un absoluto, el filósofo francés lanza su ofensiva contra el correlacionismo (la relación sujeto-objeto), concluyendo el principio de irrazón. Esto significa para el filósofo francés que nada tiene razón de ser y de seguir siendo tal como es, todo debe sin razón poder no ser y/o poder ser otro que el que es. El problema con esta absolutización de la facticidad es que parece conducirnos a una suerte de híper-caos: la cosa en sí no es nada estable y duradero, sino una fuerza incontrolable para la que nada es imposible, ni siquiera lo impensable. Meillassoux escribe:

Si miramos a través de la grieta que se ha abierto de este modo hacia el absoluto, descubriremos una potencia más bien amenazante, algo sorda, capaz de destruir tanto a las cosas como a los mundos; algo capaz de engendrar monstruos de ilogismo; capaz también de no pasar nunca al acto; capaz por cierto de producir todos los sueños, pero también todas las pesadillas; capaz de cambios frenéticos y sin orden o, a la inversa, capaz de producir un Universo inmóvil hasta en sus rincones más ínfimos.

Al absolutizar la facticidad y su contingencia necesaria, Meillassoux parece haber desafiado el pensamiento occidental: el dominio de lo en-sí no son formas perfectas y armónicas, sino que es caos. Pero, ¿cómo reconciliar contingencia y estabilidad? Meillassoux sostiene que la normalización del Caos debe surgir del Caos mismo, pues la única necesidad del Caos es seguir siendo el Caos; en otras palabras, debe ser entendida como la sujeción de la irrazón a ciertos principios estabilizadores, esto es, las constricciones a las cuales debe plegarse el ente para poder no-ser y para poder-ser-otro.

Mientras que, en la propuesta filosófica de Erich Przywara, la realidad puede ser definida como posibilidad realizada (energeia), puesto que esta noción expresa la separación de una posibilidad de todas las demás, y así una posibilidad realizada excluye su posibilidad contraria. Entonces, realidad para Przywara es una posibilidad puesta en obra, es decir, la realización de una posibilidad. Así, realización y realidad de una posibilidad consiste en poner en acto una posibilidad pura (dinamis).

En este sentido, según Przywara, Aristóteles designa con el termino analogía a la interna relación recíproca entre realidad y posibilidad cuya nota esencial es un ritmo oscilante del uno al otro polo. Este ritmo oscilante radica en su sentido más formal en que la realidad como posibilidad realizada y posibilidad realizable se relacionan, es decir, hay correlación entre los polos. Por una parte, la polaridad de la posibilidad pura designa la amplitud inconmensurable de posibilidades contrarias. Frente a esto, la polaridad de lo real designa delimitación en cada caso. Posibilidad pura y acto se relacionan como infinitud a finitud. Para Przywara, cada realidad es siempre algo transitorio ante nuevas posibilidades puras que la sobre pasan. Toda realización es solo en medio en condición de posibilidades ilimitadas que pujan hacia su realización. La posibilidad pura requiere, según el jesuita, realizarse. De modo que, ya su concepto de posibilidad supone que hay alguien que la realiza. Esta causa eficiente que realiza a la posibilidad pura, en el parecer de Przywara, ya es realidad pura. Vale mencionar la gran tesis aristotélica de que, en el ámbito del ser, lo real precede a lo posible.

Frente a estas afirmaciones Przywara considera que podemos tener dos posturas: el teopanismo y el panteísmo. En el primero se afirma que el SER de Dios está en todas las cosas. Cuya característica es cerrarse al es creatural y afirmar el devenir infinito, para esta postura la realidad es una nada entendida como transitoriedad pura. En la segunda se asegura que Dios es sentido-final inmanente de lo creatural, se entiende que una vez alcanzado el todo Dios Es. Tanto en el teopanismo como en el panteísmo se pone en duda el principio de no contradicción, ya que se anula el dinamismo propio de las polaridades y se incurre, según el jesuita, en solo identidad de contrarios.

Sin embargo, Przywara considera que lo decisivo frente al problema del principio de no contradicción es la discusión de la relación entre la posibilidad y el Es de Dios en sí, a saber, el acto puro. Si bien, lo real como posibilidad realizada, procede de la posibilidad pura como potencialidad, no obstante, siempre en virtud de algo ya real llamado acto puro. Además, en última instancia no hay una potencialidad eterna al inicio de todo, sino algo real sempiterno.

Ahora bien, según Przywara la potencialidad no se pertenece a sí misma sino puede existir en relación con lo real sempiterno. Tomas de Aquino asegura que potencialidad de lo creado no es ser posible desde sí, sino que en su hondura decisiva es posibilidad desde la libertad misma de lo real sempiterno. El último rostro del es creatural no es solo su potencialidad, sino su transitoriedad al infinito. Siempre y cada vez es posible un nuevo y diferente es. No es que la potencialidad creatural ponga sus reglas frente a Dios, sino que la realidad creatural recibe sus límites desde lo real sempiterno. Por eso los límites de lo real no son algo inherente a la contextura de la potencialidad, sino, en última instancia un freno transitorio dado por la libertad de Dios. A mí parecer, la postura de Quentin Meillassoux desafía el principio de no contradicción. De este desafío el filósofo francés afirma la total contingencia frente a la negación de la necesidad, y por este motivo en la realidad no se da la contradicción sino la pura identidad. En el hiper-caos de Meillassoux no existe un encuentro de elementos contrarios, por esto no existe la polaridad sino transitoriedad pura sin límites. Mientras que para Przywara, la problematización a cerca de la realidad se da desde el principio de no contradicción como afirmación del encuentro entre la necesidad y la contingencia, entre lo infinito y lo finito, entre lo eterno y lo temporal. La contingencia, para Przywara, se encuentra ceñida por los límites de lo necesario.

Meillassoux y Przywara, me parecen son dos filósofos que edifican una magna estructura conceptual que solo el tiempo y los efectos nos dirán si sus pensamientos supusieron el fondo de lo verdaderamente humano.

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