Más allá del odio sin razones: un verdadero feminismo

¿Cómo permanecer callada ante tanto que se dice sobre el 9 de marzo? Como con muchos otros acontecimientos, nos encargamos de desvirtuarlo, exagerarlo, hacer uso excesivo de contenido relacionado con dicho evento, hasta llegar al punto del hartazgo, lo cual también podría llevarnos a desvalorizar lo que realmente importa de este evento. Pero como mujer que tiene la oportunidad de escribir y hacer sonar su voz, siento la obligación y un deseo enorme de escribir otro artículo más que se suma a tanto que se ha dicho sobre este día.

Cuesta trabajo hablar de un movimiento feminista porque, nos guste o no, lo aceptemos o no, seguimos viviendo en un país machista; es difícil, también, porque hemos vivido episodios de manifestaciones poco pacíficas de movimientos feministas radicales que, en busca de justicia, han llegado a afectar el patrimonio de los mexicanos, muchos de ellos inocentes y ajenos a la violencia hacia la mujeres; pero dichos movimientos han provocado que el verdadero motivo de un feminismo, sea desvirtuado.

Este escrito no es un ataque al sexo masculino, ni una declaración de odio hacia ellos; el feminismo no es eso; sino más bien, es un intento de expresar lo que una mujer piensa y siente sobre esto, producto de vivir en el país en el que vivimos, con la educación que se recibe por ser hombre o ser mujer. Ser feminista no es victimizar a la mujer, ni declarar que los hombres son el enemigo; ser feminista es luchar, como muchas lo han hecho a lo largo de la historia, porque se reconozcan y respeten nuestros derechos, trabajo, aspiraciones, y nuestra libertad; y exigir, también, que cese la violencia que tiene su fundamento en las diferencias de género.

Estos últimos días han surgido movimientos o pensamientos que se oponen al Paro Nacional de mujeres, argumentando que no se trata de una guerra entre hombres y mujeres, sino más bien, de una lucha entre buenos y malos, porque, dicen, que también hay hombres que mueren en situaciones de violencia, por lo que esto no es un asunto que afecte solo a las mujeres, y es cierto, pero lo que no ven (o no quieren ver) es que los motivos de esas muertes son distintos, en la gran mayoría de los casos, a los motivos que conducen hacia la violencia contra las mujeres, y sobre todo a la muerte de tantas de ellas: el feminicidio.

Feminicidio es asesinar a una mujer por el hecho de serlo, y eso se relaciona con el sentido de superioridad que tiene el varón con respecto de la mujer, lo cual, a lo largo de la historia los llevó a pensar que podían disponer de ellas en cualquier sentido: en el hogar, el trabajo, en lo sexual, etc.; la educación del varón en ese sentido desvirtuó la relación que puede haber entre ambos sexos, y la brecha se hizo grande, y la relación entre ambos se convirtió en una del tipo amo/esclavo, superior/inferior, etc., lo que los llevó a pensar que ellos tienen derecho sobre las mujeres; y aún más allá, a una misoginia, a sentir odio y desprecio por otra persona por razones de su sexo.

El deseo sexual (en gran medida provocado por la sexualización de la figura femenina) se ha convertido en uno de los principales motivos de feminicidios y violencia en contra de las mujeres. Esta violencia no tiene que llegar necesariamente a la muerte, sino que se manifiesta en la agresión física o verbal. Cuántas de nosotras no hemos tenido que soportar miradas lascivas, comentarios o gestos obscenos por parte de hombres que son incapaces de respetar a una mujer y se sienten con el derecho de violar su intimidad por creer que pueden disponer de alguien a su antojo para saciar sus necesidades de placer, superioridad, etc.

Y se podría decir que ese tipo de hechos son los que menos dañan (pero, ¡lo hacen!), porque muchas otras no corren con la suerte de tener que solo soportar alguna mirada, palabras y gestos obscenos, sino que muchas mujeres, ya no regresarán a sus casas, porque morirán en manos de alguien que creyó que podía disponer del cuerpo de alguien más, del cuerpo de una mujer.

Y sí, también hay hombres que mueren, y que han vivido situaciones de violencia, pero no por ser hombres, sino por la violencia general que también impera.

Al ser mujer entiendes lo incómodo, difícil, intimidante, y a veces, aterrador, que puede ser, caminar sola por la calle, ver a alguien que te hace señas cuando estás por entrar a tu casa, que se tocan sus órganos genitales cuando te ven, y tú no puedes hacer nada al respecto, y todas las otras formas de violencia y abuso que se relacionan con el hecho de ser mujer.

La historia nos ha mostrado cómo hemos batallado para estar en donde estamos hoy: lograr el acceso a la educación universitaria, al trabajo bien remunerado, a la igualdad de derechos, a la libertad sexual, de vestir, de hacer, ¡de ser! ¡Ser mujer!, y que se nos respete por ello, no a pesar de ello.

Y algo tan hermoso como ser mujer no puede ni debe convertirse en una carga, ni traducirse en una vida con miedo e incertidumbre.

Igual que los varones tenemos las mismas ganas de estudiar, trabajar, salir, divertirnos y poder vestirnos como queramos, sin que otro piense que una falda o un escote es una invitación a traspasar la barrera de la intimidad; porque, además, demostrado está que no es ni la ropa, ni la hora, ni el lugar, los culpables de dicha violencia, sino que el único culpable es quien comete el acto violento.

Así que no, no es una lucha entre buenos y malos esta vez, pero tampoco entre hombre y mujeres, sino es una lucha de las mujeres con una sociedad y un gobierno que no ha terminado de entender muchas cosas, una sociedad que no ha aprendido de la historia,  una sociedad ciega ante la evidente violencia y disparidad fruto del género.

Entonces sí, yo sí entiendo y respaldo esta lucha, a veces silenciosa, a veces un tanto más escandalosa, porque, como mujer, me ha tocado vivir en carne propia esta desigualdad, violencia y miedo que se siente por el solo hecho de ser mujer; y si parar sirve de algo para crear aunque sea un poco de consciencia, ¡paremos! y hagamos notar nuestra ausencia, y nuestra importancia en una sociedad que sigue siendo machista.

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