Reflexiones sueltas acerca del desafío educativo en tiempos de Pandemia.

Me gustaría exponer breve pero contundemente algunos puntos en los que vengo pensando y sobre lo que vengo leyendo bastante, en relación al desafío educativo en tiempos de confinamiento y pandemia, que creo pueden ser de ayuda a los docentes que se sienten desafiados a cambiar sus rutinas de enseñanza, y que ha debido migrar de espacios físicos áulicos a espacios virtuales.

Esta emergencia sanitaria nos plantea un desafío impensado a algunos docentes y educadores. El tener que aprender a usar nuevas tecnologías digitales y sacarles el mejor provecho en muy poco tiempo, dadas las circunstancias. De todos modos, animo a todos los educadores a que lo vean de modo positivo, como una buena oportunidad de ensanchar nuestros horizontes de conocimientos en cuanto a herramientas didácticas, en este caso digitales, fundamentalmente para provecho de nuestros estudiantes.

Sin embargo, una aclaración importante: los medios digitales que obligatoriamente algunos tienen que aprender a utilizar para no detener el dictado de clases regulares en todos los niveles de la educación argentina y mundial, son sólo herramientas para facilitar el aprendizaje a distancia, herramientas muy buenas y útiles, pero en tanto tecnologías de última generación no harán de nosotros mejores docentes y enseñantes. Si a día de hoy no nos hemos preocupado por formarnos para ser mejores maestros o profesores, con una perspectiva pedagógica sólida y seria, las herramientas digitales no nos convertirán de la noche a la mañana en excelentes pedagogos. Como tal, éstas tecnologías nos ayudarán con el cometido de llegar a los estudiantes de un modo diferente, algo muy útil e innovativo, pero esto no será necesariamente mejor que el dictado de clases en el aula, con la presencialidad del cara-a-cara. Por último, relacionado con esto decir algo respecto de los contenidos: las tecnologías digitales no le darán calidad a los contenidos. Hay herramientas virtuales que nos ayudarán a presentar de un modo más didáctico o vistoso un contenido, pero la seriedad y pedagogía del mismo dependerá enteramente de nosotros los docentes.

Otro punto sobre el cual conviene insistir, pienso yo, una y otra vez es la cuestión de la comunicación personal con el estudiante, y de ser necesario también con la familia. Algo que sin duda exigirá un trabajo más arduo de parte de nosotros los docentes. Aquí, en todo caso, podemos marcar una ventaja de las nuevas tecnologías, y es que ellas nos mantienen hipercomunicados. Por lo que debemos sacar provecho de esta característica. Y un dato más importante con respecto a la comunicación con los alumnos, que ella no se reduzca a información o meros datos objetivos: devolución de tareas, fechas de reuniones virtuales, etc. La comunicación debe también ser empática: debemos preocuparnos por los chicos, preguntarles cómo están, interesarnos por sus padres, demostrarles cercanía, y de ser necesario un poco de cariño. Para esto dirigirnos a ellos con palabras que denoten nuestro interés en sus realidades personales, y no descuidando la forma de saludar y agradecer especialmente.

Desde una mirada ya más filosófica decir que es una buena oportunidad para poner en valor asignaturas o espacios curriculares que a veces, tanto por algunos padres como por algunos docentes, y también ministros, son desdeñadas o marginadas. Pienso en las humanidades en general: las artes plásticas, la música, las ciencias sociales y los espacios de reflexión tanto filosóficos como religiosos (en el caso de escuelas confesionales), e incluso la gimnasia. Una de las consecuencias indeseadas de la Pandemia ha sido este extraño confinamiento al que nos vemos obligados. Pues, bien, este confinamiento, bien aprovechado es una oportunidad, un kairós, un “tiempo propicio”, para crecer y profundizar a través de las materias humanísticas, en las relaciones intrafamiliares, en los momentos de reflexión personal para los alumnos a través de lecturas significativas, en dedicarle más tiempo a la revalorización del valor de la estética a través del dibujo y la pintura, en tener la oportunidad de volver sobre nosotros mismos también a través del cuidado del cuerpo y del aseo, en aprovechar a realizar charlas pospuestas o para las que nunca tenemos tiempo, con nuestros hijos sobre temas de afectividad, manejo de las emociones, aprovechamiento del tiempo, revalorización de la organización y gestión de nuestras energías vitales, para poner el foco en lo “realmente importante”, esto es, para ayudar a los niños a pensar en temas “trascedentes” (de acuerdo a sus edades, obviamente). La Pandemia del coronavirus generará en ellos interrogantes acerca de la enfermedad, la muerte, y el mal en general, como así también la lejanía de nuestros seres queridos, el sentido de la vida, el bien y la Bondad, Dios, etc.

Un último pensamiento para concluir estas reflexiones: no pensemos en si estos tiempos de enfermedad son buenos o malos. Seamos buenos nosotros y los tiempos serán buenos.

Queridos directivos, docentes, padres y demás personas que me lean a través de este medio: los aliento a no desanimarse y a aprovechar las oportunidades que inesperadamente nos propone este momento histórico. Reconozco que no será fácil para todos, pero ¿quién dijo que iba a ser fácil? Lo importante es que tenemos la excelente oportunidad de ser agentes de este cambio para los alumnos y para los demás. De nosotros depende. Ánimo y en el caso de que sea necesario a no tener miedo a pedir ayuda también.

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