El deporte y las coordenadas de lo sagrado

Giorgio Agamben en La liturgia y el estado moderno afirma que no podemos entender qué es un performance si no entendemos qué es una práctica litúrgica. Para esto, el filósofo italiano, recurre a la raíz griega del término y asegura que se origina de laos (pueblo) y ergon (obra) y significa literalmente acción pública, actividad hecha por el pueblo. En Atenas, esta palabra designaba las obras del ciudadano que tenía cierto ingreso y por esto estaba obligado a realizar algo en favor de la ciudad. También asevera que de manera más moderna la palabra liturgia se refiere a la actividad cultual del templo o al término latino officium para designar en el mismo sentido, la práctica cultual propia del sacerdote. Se considera que la liturgia cristiana es un misterio, y en el mismo sentido es una praxis, es una acción que no trata de algún tipo de representación sino, más bien, de una presentación[1].

Así pues, se puede observar en el performance un tipo de acto con significado donde se recuperan las categorías de espacio y tiempo para hacer presente un hecho, en ocasiones, un acto abstracto para resignificar. Esto también lo encontramos en actividades comunes de nuestra sociedad; en la liturgia y en el deporte, por lo cual, pretendo mostrar cómo estas actividades resignifican el espacio y el tiempo configurando un performance. La pregunta concreta sería, qué es aquello que se hace presente en cada una de estas actividades repensando las categorías antes mencionadas.

Si presentamos el performace desde el espacio y tiempo se puede observar que este es un fenómeno naturalmente físico en sí mismo, pero ligado obviamente a una simbología. Además, nos podemos referir al performance como un acontecer de acciones con respecto a la re-significación de la realidad cuyas coordenadas principales son el espacio-tiempo. A través de esta mirada se puede conocer y estudiar dos tipos de fenómenos que acontecen en las dimensiones de esta acción, a saber, la acción desde el performer y la acción desde el espectador[2].

En el performance se lidia con el ahora y el aquí, pero con la nota distintiva de encontrarse hiper-intensificados; se deambula en el espacio entre el tiempo real y el tiempo ritual, en oposición al tiempo teatral o ficticio. Se lidia también con la presencia, en oposición a la representación. Al igual que el tiempo, el espacio también es real. El edificio donde acontece el performance es precisamente ese edificio. El performance ocurre precisamente en el día y el tiempo en el que tiene lugar[3].

Siguiendo esta orden de ideas, pretendo mostrar algunos elementos que, me parecen, colaboran a comprender a fondo el performance siguiendo la idea de Agamben de que no es posible percibir el performance sino entendemos que es una práctica litúrgica. Para esto me hago valer de algunas ideas del filósofo y teólogo Erich Przywara.

En 1934 el jesuita, por petición del episcopado alemán, recopila en un libro varios himnos litúrgicos de los diferentes tiempos litúrgicos, a este texto le tituló Nuptiae Agni. Se trata en primer lugar de un libro para rezar. Przywara reúne textos de la liturgia siguiendo los tiempos del año litúrgico y las fiestas. Por otra parte, agrega algunas notas que preceden a cada uno de los tiempos y el prólogo a toda la obra ofrecen un pequeño tratado de teología litúrgica, encuadrando los textos en lo que el jesuita polaco llamó su auténtico triple sentido, según lo que Agustín llama los momentos de la historia: antes de la ley, bajo la ley, bajo la gracia, en la paz. Esto mismo pero en sentido litúrgico: el sentido litúrgico natural, el sentido de la Antigua Alianza y el sentido de la Nueva alianza[4].

Como se ve, la liturgia tiene un sentido religioso natural: toda creatura que refleja al Creador, hace brillar este reflejo, dice Przywara. La liturgia aparece entonces como un lenguaje vivo y variado en contraposición a los conceptos puros de la teorización, cuya característica es encontrarse estáticos. Además, la liturgia tiene un sentido según el Antiguo Testamento, se trata del servicio de la Alianza entre Dios y su pueblo en el cumplimiento de las prescripciones, costumbres y reglamentaciones. La Liturgia, dice el jesuita, tiene finalmente un sentido propiamente cristiano, es decir, el misterio siempre nuevo, como está prefigurado en el misterio de la alianza nupcial de Israel con Dios y como aparece en las parábolas referidas a la nueva Alianza[5]. Según Przywara, la única finalidad de la liturgia es el que todo sea reunido en una unidad que tenga a Cristo como cabeza, es decir, hacer presente a Cristo.

En consecuencia, de acuerdo con la doctrina de la analogía expuesta por Przywara, este dispositivo metafísico reproduce una modalidad de vivir la religión. La liturgia, según la idea anterior, es una forma genuina de experiencia religiosa en la medida en que la proximidad a lo sagrado fluye hacia la distancia cada vez mayor del servicio de adoración litúrgico[6].

Uno de los elementos litúrgicos que Przywara menciona es su carácter dramático. Esto se puede entender desde la tragedia. Porque, según Przywara, es significativo, que la tragedia surgió dos veces de un misterio religioso: primero en la transformación del antiguo culto de Dioniso en la tragedia griega clásica; luego, en el nacimiento de la tragedia medieval y moderna a partir del dramático recuento de la pasión de Cristo durante la liturgia del Viernes Santo, que ya es dramática en la medida en que se divide entre tres lectores[7], según el filósofo y teólogo.

El otro elemento que se puede abordar ahora, y que en realidad es el que más me interesa, es el asunto del espacio y el tiempo. En un texto de 1959 que corresponde a la segunda parte de la obra Analogía entis titulado Tiempo, espacio, eternidad, afirma el jesuita polaco que, en el nivel más formal, el tiempo y el espacio aparecen como en el límite entre Dios y la criatura. Por un lado, es lo que más incisivamente distingue a la criatura de Dios, lo que indica la mayor diferencia de Dios. Pero luego, por otro lado, la forma creatural de tiempo y espacio sugiere en última instancia, como fundamento de la criatura, una forma de Dios. Esto se encuentra bajo el signo de una teología negativa; así como en latín, el finitum de tempus se contrasta con el divino in-finitum, así el mensum del espacio se contrasta con el im-mensum divino. Así pues, se trata según esta óptica, de que lo sagrado es esencialmente supraespacial y supratemporal impregnado de lo intraespacial e intratemporal[8].

En esta aporía, que es propia del tiempo y el espacio en su relación con la eternidad y la inmensurabilidad culminan en los intentos clásicos de encontrar un tipo de nombre propio. Según Przywara, es la problemática de hodie et nunc, el hoy y ahora; una frase cuyo uso con respecto a la dimensión del tiempo puede rastrearse en la antigua liturgia, pero, siendo paralela a la problemática del aquí, es decir, necesariamente se aplica también al ámbito del espacio.

Con respecto a la dimensión del tiempo, la liturgia antigua originalmente e incluso hoy, dice Przywara, usa la palabra hodie para los días festivos de Pascua, Pentecostés, Navidad y Epifanía: señalando la intención de la iglesia de transmitir que la memoria y la praesentia de los respectivos misterios se celebran hoy. Por ejemplo; Hoy la iglesia se une a su novio celestial, dice la liturgia de la Epifanía. Es un hoy sagrado, porque ocurre en el tiempo y espacio de lo supratemporal. Pero, al mismo tiempo, es un hoy creatural: porque es el día de hoy y la hora de hoy[9].

Como se puede ver en mi breve explicación de la concepción litúrgica del jesuita, el acto litúrgico resignifica el tiempo y el espacio en tiempo y espacio sagrado donde se hace presente Cristo a modo de memorial y actualización de su acción redentora. De modo que, el sacerdote y el fiel pueden alcanzar los dones eternos desde ahora. La re-significación de este tiempo y espacio se lleva a cabo por medio de consagrar, es decir, de apartar un momento exclusivo para que los creyentes y el cura participen en esta acción sagrada.

Ahora bien, con la intención de revisar estos elementos en la actividad deportiva, quisiera mostrar una definición que encontré de espacio y tiempo en el libro Fútbol. Estructura y dinámica del Juego de Jorge F. F. Castelo; Entendemos como espacio el ámbito del deporte y específicamente en el fútbol, como aquella parte del terreno de juego en la que desarrolla su actividad el jugador, o que recibe el balón, de manera que pueda manipularlo con eficacia sin o con una mínima oposición. Entendemos como tiempo, la duración con la que se manifiesta el espacio. Una concepción del deporte como performance resiste a una definición como la que se encuentra en el texto antes mencionado, ya que asimila la ideas mencionadas pero también las supera desde la concepción ritual del deporte[10].

Ahora bien, se puede observar que en el Diccionario de la Real Academia de Lengua Española se define el juego como la acción y efecto de jugar, o bien como pasatiempo y diversión.

Comúnmente el juego está asociado a aquellas realidades calificadas como poco importantes, complementarias, no serias, improductivas, que unas veces se asocian a una pérdida de tiempo. Para el niño, el juego es una ayuda fundamental en la exploración del mundo y en su educación y formación como ser humano, mientras que para el adulto es un factor imprescindible para lograr un equilibrio psíquico, en el sentido de que juega como momento de recreación. Se puede afirmar que los niños juegan como actividad propia y los adultos por entretenimiento, pero el caso es que, juegan porque tienen tiempo.

Me suscribo a la idea de que el deporte es un juego, es decir, es actividad que tiene que ver con la distribución humana del tiempo sometida a algunas reglas. Pero el deporte específicamente configura un tipo lucha contra un adversario y el encuentro con un aliado. El primero es el adversario fáctico, es decir, el contrincante con el que, bajo una serie de normas, va mostrar quién tiene más aptitud. Pero también se configura un encuentro con un aliado que puede decirse es ritual; el tiempo y el espacio. La idea sobre que el deporte es un tipo de performance se fundamenta en que en este ámbito sucede una re-significación de tiempo y espacio donde no acontece solo tiempo y espacio limitado a coordenadas, sino que también sucede un tiempo y espacio ritual que da cabida a una cuasi vivencia religiosa de parte del deportista y el espectador. Basta observar la pasión, emoción y conexión que experimenta aquel aficionado que por diversas circunstancias no puede estar en el estadio, pero que mira o escucha el partido desde su casa. Se trata de una pasión, que supera las coordenadas espaciales, este espectador esta religado a su equipo.

Así como las liturgias y el deporte ocurren en terreno sagrado, así el deporte: no hay juego sin campo de juego ni campo de juego sin un sentido vigoroso de lugar. El deporte procede dentro del espacio. El espacio dentro del ámbito deportivo es un modo de estar separados-juntos entre espectadores y jugadores, pero no significa exclusión sino integración que regula roles. Es decir, esta rúbrica general del deporte acerca del espacio, traduce efectivamente la conquista de mostrar que cada elemento de la realidad tiene su lugar. Así pues, el deporte supera la coordenada espacial y manifiesta un terreno sagrado para deportista y espectador.

Ahora bien, con relación exclusiva al espacio, se puede observar un primer elemento; el deseo por la victoria, que se traduce como el hambre de comerse la cancha desempeñando roles protagónicos corporales de la partida, es deseo por estar en el deporte como actor principal, es decir, manifiesta la reverencia religiosa del sujeto que entra a un templo. Esto también, se puede comparar con el dramatismo propio de la liturgia que mantiene latente una seducción que asegura el acto de apropiarse de un lugar, es decir, el deseo de conquistar ahí una victoria, o bien, de alcanzar ahí una experiencia inefable. La cancha es, en este sentido, el espacio donde se conquista la palma del triunfo, es el lugar donde se hace presente la dramaticidad de la pasión deportiva.

El performance deportivo es, también, consecuencia de una estrategia de planificación temporal del ejercicio físico. La organización de las cargas de entrenamiento considera la temporalidad en ciclos que comúnmente se les llama temporadas o torneos. El deporte se conforma a la base de la organización, por una parte, de un régimen ascético de parte del jugador que se prepara para la ejecución del rito, y por otra, una espera de parte del espectador que manifiesta lo especial o sagrado que tiene este momento. Además, esta organización por ciclos y temporadas, evidencia que el deportista y el espectador separan un tiempo para dedicar a hacer deporte o ver a su equipo favorito.

El performance deportivo involucra también un proceso creador. Se trata de una práctica que considera la conjugación anatómica del jugador junto a las reglas del deporte en el intento de desafiar incluso los determinismos de la naturaleza con entrenamientos capaces de alterar las capacidades ergonómicas. La concepción de tiempo y espacio, aquí descrita, pensado como coordenadas indispensables del deporte desencadenan invenciones corporales, físicas y motrices. De modo que, las novedades en el campo deportivo irrumpen con otras producciones corporales y superación de metas, que aparecen en cada torneo o competencia. Una situación que se da en la litúrgica es la actualización que hace siempre presente el sacrificio del altar, es decir, en el deporte y en la liturgia lo que sucede es siempre una novedad.

Más allá de la comparación entre liturgia y deporte. Considero que, en el deporte, concebido como alianza de tiempo y espacio a través de la destreza corporal que brinda el entrenamiento y el combate en el campo deportivo, el jugador se ejercita para hacerse capaz de convertir el tiempo cronológico en tiempo kairológico. Es decir, solo se tiene tiempo de verdad si el deportista es capaz de transformar el paso mecánico de las horas y los días en experiencia personal, de superación de sus metas, de autoconocimiento, y de reconocimiento del otro. Y en eso consiste el deporte: conquistar el espacio y el tiempo en espacio y tiempo más humano, y por lo tanto, más sagrado.

[1] Giorgio Agamben. Teologia y lenguaje: del poder de Dios al juego de los niños, (Buenos Aires: Las cuarenta, 2012), 35-36.

[2] Leonardo González, Análisis relacional del arte de performance: acercamientos de la
física y psicología en torno a la constitución subjetiva de la acción
, http://www.geifco.org/actionart/actionart01/secciones/03adla/articulos/gonzalez/analisisRelacional.htm (15/04/20)

[3] Guillermo Gómez Peña, “En defensa del arte del perdormance”, Horizontes Antropológicos, Julio 2005, 219-220.

[4] Erich Przywara, Nuptiae Agni, el año litúrgico (trad. José Luis Narvaja), 2011, http://www.jlnarvaja.com.ar/publicaciones/Przywara/01-Nuptiae_Agni/nuptiae-home.html (17/04/20)

[5] Erich Przywara, Nuptiae Agni, el año litúrgico.

[6] Erich Przywara, Nuptiae Agni, el año litúrgico.

[7] Erich Przywara, Analogia Entis: Metaphysics: Original Structure and Universal Rhythm. Trad. John R. Betz – David Bentley Hart, (Michigan: Eerdmans, 2014), 589.

[8] Erich, Przywara, Analogia Entis: Metaphysics: Original Structure and Universal Rhythm, 585.

[9] Erich, Przywara, Analogia Entis: Metaphysics: Original Structure and Universal Rhythm, 586.

[10] Jorge F. F. Castelo, Futbol. Estructura y dinámica del juego, (Barcelona: INDE Editorial, 2007), 267.

Autor: Jovani Fernández Puentes

Estudiante de maestría en la Universidad Iberoamericana

3 thoughts

  1. Encuentro la analogía sugerente, pero tal vez echo de menos que significado social o quúe función cumple el fútbol en una sociedad laica donde las liturgias religiosas son casi privadas, diversificadas y minoritarias…..sería interesante prolongar la reflexión en este sentido…Gracias por tu esfuerzo en realizar este sugerente artículo.

    Me gusta

    1. Gracias Ana!!! que gusto ahora encontrarte por aquí. El artículo ha salido como consecuencia de un seminario que tomé este semestre de Filosofía del deporte, estuvo interesantísimo.

      Con relación a lo que me comentas, me interesa posteriormente analizar con las categorías “espacio y tiempo”, cómo el deporte sobre todo el de las calles, el deporte informal, articula un “espacio desterritorializado”, alternativo a la jerarquía del orden social. Creo que es alternativo porque puede ganar todo aquel que haga bien su partido.

      Le gusta a 1 persona

      1. Pues sí, ineteresante….ánimo porque lo que aquí en España es el sector de la educación social este marco teórico de la función socializadora pero no institucionalizada puede ser sugerente…gracias y saludos

        Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .