La casa en tiempos de COVID / 1

Tiempos de COVID-19

En estos meses de contingencia por la situación a que nos ha traído la covid-19, ‘casa’ se ha convertido muchas veces en sinónimo de ‘encerramiento’.

El término ‘encerramiento’, ha adquirido la connotación de “ponerse a salvo”, pero no sin dejar atrás el contenido negativo que ya cargaba. Es sumamente interesante, porque el ser humano es un ser en apertura, nos vienen bien las ventanas, encontrarnos, movernos, viajar… no así las rejas, aislarnos, limitarnos entre paredes.

‘Cerrarnos’ no admite acepciones positivas. ‘Encerrarnos’ tiene esa herencia, por eso nos cuestan tanto estos meses.

Cerrarnos es positivo sólo en la medida en que nos da un respiro provisional. Igual que el mecanismo de defensa para nuestra psiqué, encerrarnos, nos defiende de una amenaza externa, pero entonces su motivación es una desconfianza de lo que está fuera, un temor que desdice esa apertura primordial que somos.

 

Importante redimensionar:

La casa representa ciertamente ‘seguridad’; pero no ‘encerramiento’. Para el animal es el nido o la guarida; para el ser humano es la casa.

El término latino es ‘domus’, de allí que ‘doméstico’ sea lo relativo a la casa. Pero en un sentido más profundo, domesticar es dotar de significado, como en el caso del Principito y el zorro (“si me domesticas, tú serás para mí único en el mundo”). La casa es ese domus que ofrece el mundo entero como un gran domus: la casa domestica el mundo; es un lugar seguro no porque resguarde de las fieras, sino porque capacita para entender el mundo –que de otro modo no sería sino caos– como cosmos.

En ese sentido, la casa es un lugar con puertas para resguardar y para salir. Paradójicamente, la casa es un sitio de apertura. Necesitamos de ese sitio.

Se ha insistido demasiado en “la casa” como espacio privado. Lo es, pero más profundamente, es íntimo. ‘Íntimo’ es lo que está muy en el centro, muy dentro. ‘Privado’ se entiende por oposición a ‘público’, de suerte que “la casa” se entiende comúnmente como un espacio de menor calidad, de descanso y privacidad, equivalente a “no operatividad”, como un suspenso entre la vida que construye ciudad –la acción política–. “La casa”, en cambio, más profundamente es el espacio de lo íntimo, donde uno puede encontrarse consigo mismo de una manera mayor.

Hay otro gran término que hace referencia a la casa: ‘Morada’. Lo íntimo es el lugar en que últimamente se mora, de manera que hay casi una coincidencia entre ambos. El término griego del que traducimos esta palabra –morada–, era ethos; más explícitamente, ethos 1, para distinguirlo de una derivación suya, ethos 2, que traducimos como ‘personalidad’. Es una fantástica relación que no desdice lo que ocurre en cada casa, donde cada pequeño es colocado en una cuna (otra palabra que alude a ‘morada’), colmado de afecto… y de donde toma también su personalidad.

Pero la morada no genera personalidad sólo en la primera infancia: somos constantemente requeridos de morada para continuar siendo generados. Necesitamos del afecto, el domus, el cosmos, el resguardo y el descanso de la casa, ese lugar al que pertenecemos que nos lanza afuera.

…Continuará

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