Cuando digo

Cuando digo mar
no me refiero al Atlántico que separa al Viejo y al Nuevo Mundo;
tampoco al Pacífico con su fuego volcánico.
Te hablo de mi lágrima,
escurrimiento salado,
nacimiento silencioso
que no ahoga tu ausencia,
ni tu dolor ni el mío.

Cuando digo herida
no es la de mis labios por el frío,
no es la cicatriz de mi rodilla
ni el tambor del corazón que me parte por las noches;
es mi costado llorándote en sigilo,
tú, mi carne,
tú, mi polvo,
tú, amor y dolor de mi costilla.

Cuando digo silencio
no es la boca durmiente
o el párpado caído,
es la distancia deletreada,
flor naciente que se acomoda en nuestros oídos,
raíz empedernida que crece como un niño
hasta que no sea sepultada
en el fondo de mi río.
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