Perseverar en tiempos de adversidad: los católicos en Japón (1549-1875)

Nota bene: El siguiente trabajo fue presentado y aprobado para ser expuesto como ponencia en el Encuentro Nacional de Estudiantes de Historia, que iba a tener lugar en marzo en la Ciudad de México, desafortunadamente el evento fue cancelado por la crisis sanitaria actual. Afortunadamente eso me dejó en libertad de compartirlo con todos los lectores de Humanum.

Introducción

En 1992 el polemista católico mexicano Salvador Abascal en un análisis que hizo de la situación del catolicismo en el mundo, escribió con un cierto desprecio “el Japón parece hasta ahora inconquistable [1] como si el cerebro de hormiga del japonés fuera incapaz de comprender más religión que la del trabajo ni liturgia superior a la ceremonia del the”. [2]

Lo más seguro aquello fue sin darse cuenta, pero Abascal entró de lleno a un tema que es de debate al respecto del cristianismo en Japón. Según BBC News, solo el 1% de la población japonesa (que es de126 millones) profesa la fe cristiana [3].  lo que hace que el impacto real del cristianismo en Japón haya sido cuestionado en ocasiones, Mutsuo Yamada escribe:

El cristianismo para los japoneses ha sido una religión ajena que se ha aceptado solo por una minoría educada y cosmopolita. Hubo prohibición y persecuciones en la primera etapa, pero en las etapas posteriores ha habido una mayor libertad de culto y, sin embargo, el cristianismo no tuvo éxito entre el pueblo general. Se asume, por tanto, que existe una barrera cultural contra su difusión en el espacio religioso. El análisis de esa barrera sería una buena aproximación a la cultura japonesa. [4]

Ha habido otros en cambio quienes han señalado que no obstante el bajo número de cristianos en Japón en la actualidad, si puede hablarse de una tradición y una espiritualidad cristiana profunda, evidente en la perseverancia de los cristianos en aquél país a pesar de las dificultades que debieron afrontar a lo largo de la historia, postura expresada muy bien por Paola Petri Ortiz que declara:

El proceso de evangelización de Japón fue sorprendentemente exitoso, teniendo en cuenta las condiciones bajo las que se desarrolló, y que —exceptuando a algunos señores que solo estaban interesados por los beneficios comerciales— las conversiones fueron sinceras. Esto fue fundamental; si los religiosos se hubiesen contentado con bautizos masivos, como había ocurrido en conquistas de los siglos pasados, el cristianismo hubiese desaparecido por completo de Japón. Pero gracias a que los misioneros se preocuparon por conocer y comprender la sociedad y aprendieron a amarla, y a que ellos mismos dieron valiente testimonio y ejemplo de su fe y de su preocupación por sus comunidades jugándose la vida por seguir en Japón, logró mantenerse y su larga espera se vio finalmente recompensada a partir del siglo XIX.[5]

Diego Pacheco dice por su parte: “no son pocos los escritores cristianos japoneses que al contemplar el lento avance del cristianismo en la actualidad se sienten perplejos y vuelven la mirada al período ‘Kirishitan’ en busca de una respuesta.” [6] 

Mi pretensión es señalar dos cuestiones: (1) que hay quienes señalan el cristianismo japonés como fracasado con base en su poca importancia en cuanto a números demográficos y (2) que otros niegan este fracaso, poniendo como argumento la perseverancia de los japoneses durante las persecuciones. Es decir, unos argumentan un fracaso partiendo desde una perspectiva cuantitativa y otros desde una perspectiva cualitativa niegan la existencia de un fracaso.

Yo estoy convencido que ambas posturas aunque expresen dos perspectivas distintas no son en realidad excluyentes. Que el cristianismo en Japón bien puede haber sido un fracaso cuantitativo y en cambio ser un éxito cualitativo. Y como segunda cuestión que quiero señalar, es que en esta ponencia, buscaré como ya han hecho otros, ahondar en esta hipótesis mía, a partir de lo que Diego Pacheco denomina período Kirishitan. Es decir las épocas de evangelización, aceptación y persecución del cristianismo en Japón.

Para esta ponencia, utilizaré la periodización utilizada por Tani Shinsuke; esta periodización la utilizó para clasificar las leyendas en torno a los cristianos en Japón, pero me parece totalmente apropiada para periodizar al cristianismo como tal en Japón, y va como sigue:

1) La época en que el cristianismo fue admitido por el gobierno (1549-1612)

2) La época de prohibición y persecución (1612-1641)

3) La época en que los cristianos mantenían la fe clandestinamente (1641-1873)

Primera Etapa: la aceptación del cristianismo en Japón

Lo primero que se debe hacer es hablar de la evangelización de Japón, la cual estuvo mayoritariamente en manos de misioneros jesuitas. Paola Petri Ortiz, señala dos importantes características que tuvo la evangelización y que son:  1) la ausencia de cualquier pretensión de conquista política o militar 2) la adaptación de los misioneros a la cultura y usos del país, separando nítidamente cristianización de europeización.

Los primeros jesuitas llegaron a Japón en 1549 liderados por el español Francisco Xavier; él y sus compañeros provenían de India. Allí habían conocido a un japonés llamado Anjiro (Paulo de Santa Fe). Con su guía y traducción los jesuitas comenzaron la evangelización de Japón en las ciudades de Kagoshima y Yamaguchi. Los Jesuitas hicieron principalmente uso de tres métodos:

1) Un proceso de aculturación entre el cristianismo y las tradiciones japonesas: Un curioso ejemplo que podría considerarse anecdótico pero que significó un importante punto de acercamiento entre japoneses y jesuitas, fue que los últimos instalaron en sus casas un cuarto especial para realizar la ceremonia del té, tal como la realizaban los japoneses.

2) El debate intelectual, acercar a los japoneses a la fe, por medio de la razón: Los jesuitas educados en prestigiosas universidades de Europa (Francisco Xavier por ejemplo había estudiado en la Sorbona) buscaban demostrar la verdad de su fe a los japoneses muchas veces por medio de una dinámica de discusiones filosóficas-teológicas.

3) Por medio, de la técnica de “arriba hacia abajo” los jesuitas antes de iniciar a evangelizar un territorio. buscaban la conversión del Daimio o cuando menos su aprobación para evangelizar en su territorio. Aquello resultaba muy efectivo, un ejemplo claro fue cuando en 1580 el Daimio Omura Sumitada le cedió a los Jesuitas el Puerto de Nagasaki, que se convirtió en posiblemente el más importante lugar del cristianismo japonés.

A finales del siglo XVI y principios del XVII el cristianismo en Japón llega a su máxima expansión; según Paola Petri Ortiz, los números de crecimiento del cristianismo en Japón fueron los siguientes: Para 1579: 150,000 conversos; para 1600: 300,000; y para 1625: 600,000.Se estima que la población de Japón hacia 1600 era de 14-19,7 millones[1], lo cual quiere decir que los cristianos serían entre el 3% y 4% de la población.

Ciertamente era un número bastante bajo en cuanto a proporciones, lo cual hace muy entendible que Diego Pacheco diga:

Hay quien ha designado a esos años con el nombre de “El siglo cristiano en Japón”. Cuando el titulo significa solamente que en ese siglo el cristianismo penetra y alcanza su mayor apogeo en tierras japonesas, no hay nada que objetar. Mas las interpretaciones varían. Hay quienes desorbitan su contenido y tratan de interpretar toda la historia de la época a la luz del influjo cristiano. Hay por el contrario quienes consideran la expansión del cristianismo como un hecho muy secundario, como una moda extranjera que pasa sin dejar más que una huella superficial. [2]

No obstante la pequeña proporción de cristianos en Japón, no es suficiente argumento para considerar como simplemente una moda superficial la presencia de la fe cristiana en tal país. Muy probablemente su influencia cultural sobrepasaba su influencia numérica. Un buen ejemplo fue la penetración que tuvo el cristianismo entre los Daimios (Equivalente a señores feudales) de Japón, de los cuales Pacheco cuenta cincuenta conversos, lo mismo que en muchas ocasiones los súbditos de ellos recibieron orden de bautizarse; mientras que en otras ocasiones si bien el Daimio no se convertía, sus familiares sí. Lo cual habla de una importante influencia del cristianismo entre una élite dirigente japonesa.

¿Qué motivos habían tenido para adherir al cristianismo los conversos japoneses? Se han mencionado varios motivos; como posibles beneficios comerciales con Portugal que los Daimios esperaban obtener si se convertían, la estima de los japoneses por las prácticas de disciplina de los jesuitas y su piedad religiosa, la afinidad de muchos elementos de la religiosidad cristiana y de la religiosidad budista, así como la respuesta que el cristianismo daba a una de las inquietudes más importantes de la cultura japonesa: la muerte.

El panorama sin embargo para evangelizadores y conversos empezó a oscurecerse; en 1587, el Shogún (gobernante) Hydeoshi decretó la expulsión de los misioneros y la prohibición del cristianismo a sus vasallos. ¿Qué razones había tenido Hydeoshi para esta primera prohibición? Se han mencionado tres: Un temor a que el cristianismo se volviera un caballo de troya en favor de Portugal y España, temor al poder e influencia creciente de los jesuitas en Japón y finalmente temor a que los Daimios cristianos se aliaran en algún momento contra el poder central.

El decreto no tuvo en un inicio efectos demasiado devastadores a un nivel nacional, aunque en algunos lugares se empezaron a dar actos hostiles contra el cristianismo: Una decena de jesuitas reciben castigos corporales, algunos cristianos japoneses son condenados al destierro, sus bienes confiscados o incluso son ejecutados. Cerca de 60 Iglesias son destruidas.

Casi una década después del decreto de Hydeoshi ocurrió un hecho que podría quizá considerarse como un parteaguas en la historia del cristianismo japonés: El galeón de San Felipe y los mártires de Nagasaki.  En 1596 un galeón venido de Filipinas naufragó en Japón, sus pasajeros fueron arrestados y el barco confiscado. Tres frailes del barco acudieron a Hydeoshi como embajadores. Sorprendentemente, Hydeoshi condenó a muerte a los tres frailes junto con 24 cristianos más. El 5 de febrero de 1597 fueron crucificados en Nagasaki: Eran seis franciscanos, tres jesuitas europeos y diecisiete cristianos japoneses.

Una enorme multitud estuvo presente en la ejecución de estos mártires, Nagasaki como ya se ha mencionado antes era posiblemente el lugar más importante del cristianismo en Japón. Según el misionero católico australiano Paul Glynn, autor del libro Una canción por Nagasaki, la multitud se componía de unos cuatro mil cristianos que acompañaron con sus rezos a los crucificados. “aquello se estaba convirtiendo en un testimonio de la fortaleza cristiana antes que en el sangriento espectáculo que Hideyoshi había previsto. […] El humillante espectáculo había terminado en fracaso: el prestigio de los cristianos y el número de bautizados aumentaron de modo patente.” [3]

Segunda etapa: prohibición y persecución del cristianismo

En 1600 se instaló en Japón lo que se conoció como el Shogunato Togukawa, llamado así por la familia Togukawa del que formaron parte varios shogunes durante aquella etapa; El Shogunato acabó instalando diversas medidas que institucionalizaron la prohibición y persecución contra el cristianismo de las que se pueden señalar las siguientes:

1606: Prohibición a que los sacerdotes radicados en Japón prediquen

1612: Ningún vasallo japonés puede ser cristiano bajo pena de muerte

1616: Todo aquel que ofrezca refugio a los misioneros será quemado en la hoguera con su familia

1635: Se ofrecen recompensas a quienes denuncien a los cristianos: 100 monedas de plata por sacerdotes extranjeros, 50 por religiosos extranjeros o japoneses, 30 por japoneses cristianos.

Aquello tiene efectos duros en la población japonesa cristiana, uno de los más importantes que habría que destacar es la división entre la identidad japonesa y la cristiana, entre la que muchos se sentirán atrapados y que pondrá duramente a prueba su lealtad a la fe cristiana por un contexto hostil a su alrededor:

El convertido se ve víctima de abierta oposición o de guerra fría, está aislado, se le cierran los caminos a posiciones mejores, se lo acusa de desleal a su patria. Cuando esa hostilidad ambiental llega a términos violentos y plasma en el dilema apostasía o martirio, la solución es tal vez más fácil. Mucho más difícil de sobrellevar es la lima sorda que va gastando las fuerzas, que da tiempo a que surjan, como peligrosos aliados, nuevas luchas interiores. [4]

Según Tomás A. Mantecón para 1630 un millar de cristianos han sido ejecutados por su fe. Esto no incluye a los que murieron fuera de Japón y que fueron desterrados o expoliados ni a los torturados, ni a los apóstatas. Los tormentos podían ser muy crueles: Quemar gente viva, crucifixión, decapitación etc.  Muchos de los mártires o perseguidos son miembros de la nobleza al menos según los ejemplos que ofrece Mantecón, lo que me lleva a preguntarme si la persecución anticristiana en Japón podría considerarse también una purga contra la élite cristiana. En todo caso, si bien hay muchas apostasías, también hay una importante resistencia de los cristianos japoneses a abandonar a su fe, gracias a un espíritu de martirio arraigado en ellos:

los misioneros europeos transfirieron a los más sensibilizados y militantes católicos nativos una cultura de la aceptación del sufrimiento por lealtad a Cristo. Igualmente, dotaron a los católicos de un fuerte sentido de comunidad, que facilitaba el desarrollo de una solidaridad mutualista que se expresaba tanto fuera como dentro de la prisión, mientras se esperaba el momento de la ejecución. Este sentido de comunidad, además de la memoria del martirio de Cristo, ayudaba a mantener la moral en los momentos más duros del tormento [5].

El último evento importante de esta época de persecución ocurre en 1637 y 1638 con la rebelión de Shimabara: campesinos cristianos de Amakusa y Shimabara se levantaron en armas contra el Shogunato, la rebelión terminó con una sangrienta represión. Cerca de 40,000 rebeldes son ejecutados incluidos mujeres y niños. El líder de la rebelión, Amakusa Shiro, es ejecutado y su cabeza exhibida en Nagasaki como advertencia a los cristianos.

La zona fue repoblada y existió en la zona una fuerte propaganda estatal al budismo, poco tiempo después el Shogunato Togukawa cierra definitivamente las puertas de Japón a Portugal y España, de quienes se sospecha apoyaron la rebelión cristiana.

Cabe señalar que no solo fueron motivos religiosos sino también reivindicaciones sociales del campesinado en esa zona y cuestiones políticas e incluso internacionales las que causaron la rebelión. Lo cual deja algunas dudas ¿Fue una cruzada religiosa? ¿Un movimiento social amparado bajo símbolos religiosos? ¿Las dos cosas? En todo caso, la fe cristiana fue el elemento cohesionador de esta fallida rebelión.

La época de la clandestinidad

Resulta interesante observar que una gran parte de los artículos que se pueden hallar sobre el cristianismo en Japón se enfocan o en la época de evangelización o en la época de la persecución, mientras la época de la clandestinidad ha despertado muy poco interés al parecer, siendo sin embargo una etapa decisiva. Ya que, durante más de dos siglos cristianos japoneses practicaron y preservaron su fe de forma totalmente clandestina. Es un caso único en la historia, posiblemente el único caso comparable sean los cripto-judíos de Portugal y Brasil.

Paola Petri Ortiz en su artículo sobre la evangelización en Japón del siglo XVI y XVII incluyó algunas breves notas sobre la época de la clandestinidad. Pero quien posiblemente dejó más al respecto fue el misionero australiano Paul Glynn, en su libro Una canción por Nagasaki, en el capítulo “los cristianos ocultos” sobre la comunidad cristiana clandestina de la ciudad de Nagasaki. Algunos aspectos que se pueden señalar son los siguientes:

Los cripto-cristianos al parecer son de clase popular, no de la élite, este aspecto me parece llamativo, ya que durante la evangelización y la persecución los nombres de Daimios y noble japoneses estaban presentes y en esta etapa en cambio no parece ser así, lo que me lleva otra vez a mi tesis de que la persecución fue en gran medida una purga contra la élite cristiana japonesa.  

La fe japonesa por su condición de secreta se vive de forma totalmente autónoma, sin ninguna conexión con el resto de la comunidad cristiana internacional y menos aún con autoridades eclesiásticas externas a Japón. Por la ausencia de sacerdotes la dirección e iniciativa la asumen los laicos y sin más sacramentos que el bautismo

Los cristianos se organizan en cofradías como la Cofradía del Rosario y la Cofradía de Jesús (Ambas de Nagasaki) Encargadas no solo de mantener la cohesión de la comunidad y la tradición cristiana sino de evangelizar en los puntos cristianos donde la fe corriera peligro de venir a menos.

Sin embargo, el aspecto más interesante de esta etapa de la clandestinidad fue la esperanza transmitida de generación en generación de que los misioneros cristianos regresarían a Japón. Según Paul Glynn, luego de dos siglos de clandestinidad, en el siglo XIX los cripto-cristianos japoneses tenían una confianza en el resurgir de la Iglesia cristiana católica en Japón según lo dicho por sus antepasados: “Estos habían dejado unas indicaciones muy claras, una de las cuales era: la Iglesia regresará a Japón y a sus miembros los reconoceréis por tres signos: el celibato de los sacerdotes, la imagen de la Virgen María y la obediencia al Papa-sama de Roma.”[6]

Efectivamente esto ocurrió; en 1858 Japón fue obligado a firmar un pacto comercial con Estados Unidos y esto abrió las puertas del país a la llegada de europeos, entre ellos misioneros católicos. Uno de ellos, el sacerdote francés Petitjean, residente en Nagasaki, fue contactado el 17 de marzo de 1865 por un grupo de cristianos. Descubriendo así que quedaban 30,000 kakure-kirishitan (Cristianos ocultos) en Japón.

Sin embargo, enteradas las autoridades de las reuniones secretas entre ellos y el padre Petitjean en 1867 ordenaron la deportación y confiscación de bienes de 3,414 cristianos, que no fueron liberados sino hasta un año más tarde. Fue la última prueba de persecución que debieron enfrentar; En 1875 el gobierno Meiji en Japón decretó la libertad de cultos, la época de la clandestinidad había acabado.

Conclusiones

Desde la llegada de los misioneros jesuitas a Japón en 1549 a la actualidad han pasado ya 471 años de cristianismo sin interrupción en ese país, lo cual resulta llamativo sobre todo a partir de la prohibición y la hostilidad del Estado japonés hacia aquella religión. Por eso en mi opinión puede hablarse en este sentido de un éxito en este aspecto del cristianismo japonés, dada las adversidades que tuvo que enfrentar y superó de hecho.

Por otro lado, es verdad, que como han señalado personas como Yamada, numéricamente la inmensa mayoría de la población japonesa es ajena al cristianismo. Cabe señalar que si bien en la actualidad, el millón de cristianos japoneses es superior en número a los aproximadamente 600,000 cristianos que habitaron Japón en el siglo XVII, en cuanto a proporción es totalmente distinto. Pues mientras en su mejor momento, durante “El siglo cristiano” los conversos llegaron a ser entre el 3% y el 4% de la población, en la actualidad son tan solo el 1% de la población.

Así pues la supervivencia del cristianismo japonés a pesar de la persecución sistemática del Estado marcan la balanza de un éxito cualitativo, mientras que el bajo porcentaje apuntaría hacia un fracaso cuantitativo. No obstante hay dos consideraciones importantes que se deben hacer para terminar el balance éxito-fracaso.

La primera consideración que se debe hacer es que sólo se puede hablar de un éxito o de un fracaso en la medida en que tengamos claro qué objetivos tenían quienes introdujeron y preservaron el cristianismo en Japón. ¿El objetivo de los jesuitas era convertir por completo a la sociedad japonesa en su totalidad al cristianismo? Si era así, el objetivo fue frustrado totalmente por la respuesta del estado japonés sin duda. No obstante, habría que preguntarse si para los jesuitas el hecho de que hubiera la comunidad cristiana nipona sobrevivido a las persecuciones estatales no era una compensación suficientemente satisfactoria a este objetivo inicial.  En relación con ese mismo aspecto, me parece que el objetivo principal de los cripto-cristianos en Japón, no era volver a toda su sociedad una nación cristiana sino preservar la fe en sus comunidades, objetivo que se cumplió perfectamente.

Justamente hablando de la cuestión de un propósito fallido habría que pensar en un dato que menciona Mutsuo Yamada sucedido durante la ocupación estadounidense en Japón tras la Segunda Guerra Mundial; según él los estadounidenses buscaron vanamente convertir a la población japonesa en cristiana repartiendo a nivel masivo ejemplares de la Biblia.[7]  En este caso si puede hablarse plenamente de un objetivo fracasado y resulta interesante hacer notar que a diferencia de lo que sucedió en el siglo XVI con la evangelización jesuita este intento si estuvo ligado a un dominio extranjero sobre el Japón y a la búsqueda de un mejor dominio político. ¿Sería esta la causa de su fracaso?

Por último, debe considerarse que el alcance cultural de una comunidad o un grupo social en cualquier sociedad, puede ser mucho mayor o más profundo que el de su número. En este sentido habría que averiguar que impacto tiene o ha tenido la comunidad cristiana en la sociedad japonesa. Al decir de Yamada, la fe cristiana ha permanecido en el ámbito de la vida privada japonesa, lo cual no significa que por momento haya podido con individuos o ciertas organizaciones saltar al protagonismo en Japón.

Cabe destacar por ejemplo, un cierto protagonismo cristiano en lo social y lo político durante la época liberal en Japón de 1920 como con los llamados líderes radicales cristianos (de filiación cristiana protestante) Suzuki Bunji, Kagawa Toyohiko y Abe Isoo quienes crearon una organización laboral a escala nacional y que fueron importantes en la introducción del socialismo en Japón.[8] Otro caso llamativo es el del radiólogo y escritor católico Takashi Nagai quien por su amplia obra en relación con la tragedia de la bomba atómica de Nagasaki fue condecorado por el propio emperador y que actualmente está en proceso de canonización por la Iglesia Católica.

En conclusión, Japón no es un país de mayoría cristiana ni determinado demográficamente por esa religión y es de dudarse que algún día lo sea. Pero, por otro lado, ha sido un espacio donde el cristianismo ha logrado existir, expresarse y arraigar a pesar de los esfuerzos por el poder para arrancarlo de raíz de él y en el cual ha existido y existe la posibilidad de protagonismo, aportación de los creyentes en esa religión, y de desarrollo de una cultura plenamente cristiana y japonesa a la vez.

Fuentes bibliográficas:


[1] “Demografía de Japón” Wikpedia, la Enciclopedia libre, https://es.wikipedia.org/wiki/Demograf%C3%ADa_de_Jap%C3%B3n

[2] Pacheco, Op. cit. 15.

[3] Paul Glynn, Réquiem por Nagasaki, la historia de Takashi Nagai converso y superviviente de la bomba atómica. (Madrid, España: Ediciones Palabra,2013) 49.

[4] Diego Pacheco, Op. cit. 35.

[5] Tomás Antonio Mantecón. “Sangre de santos,¿ semilla de cristianos? Espíritu misionero y martirio en la temprana Edad Moderna.” Revista Convergência Crítica 2 (2012). 312-313.

[6] Paul Glynn, Op. cit. 51.

[7] Mutsuo Yamada, Op. cit. 75.

[8] Morton, Scott W. y J. Kenneth Olenik. Japan, its history and culture (New York: MacGraw Hill, 2005) 172-173.


[1] Para la fe católica

[2] Salvador Abascal, La Revolución mundial, de Herodes a Bush (México: Editorial Tradición,1992), 410.

[3] Yvette Tan, “Cristianismo en Japón: los creyentes a los que obligaban a pisotear la imagen de Jesús” BBC News, https://www.bbc.com/mundo/noticias-50537374#:~:text=Se%20pas%C3%B3%20de%20tener%20500.000,Nagasaki%20es%20la%20m%C3%A1s%20grande

[4] Mutsuo Yamada “Civilización japonesa: la barrera cultural para la aceptación del cristianismo.Cauriensia (2010) 62.

[5] Paola Petri Ortiz “La evangelización de Japón en los siglos XVI y XVII.”  http://www.academia.edu/download/51987932/japon.pdf, 20.

[6] Diego Pacheco “Los intelectuales japoneses del periodo Azuchi-Momoyama y el cristianismo” (1968) https://repositorio.uam.es/bitstream/handle/10486/6314/38188_3.pdf?sequence=1 15.