Manual para dudar de Borges

“Dudar vale más que estar seguro”

Voltaire, filósofo francés del siglo 18

Hace 80 años, en 1940, el escritor argentino Jorge Luis Borges (Buenos Aires, 24 de agosto de 1899) publicó el cuento Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, un fabuloso texto de la literatura fantástica.

En este recomendable relato, el protagonista se topa con un singular ejemplar de un volumen específico de la Enciclopedia Británica, que le permite tener un acercamiento con una población desaparecida y secreta: Uqbar, situada en una parte de la indefinible franja entre Europa y Asia.

Dicha población tenía una particularidad: su literatura también era de carácter fantástico donde existían dos regiones imaginarias, una de ellas Tlön. Quiero enfatizar que en este punto estamos ya en una realidad fantástica dentro de otra realidad fantástica.

Luego, el protagonista del cuento de Borges encuentra una Enciclopedia sobre Tlön que describe que en dicho mundo la concepción de la realidad es casi opuesta a la que nosotros conocemos: el lenguaje, la religión, las letras y la metafísica presuponen el idealismo. Por ejemplo, el materialismo es la doctrina que más escándalo ha generado.

Dentro del cuento, aparece una supuesta posdata escrita en un futuro imaginario a la fecha de la publicación que describe que el descubrimiento de esta cultura está trastornando el primer nivel de la realidad imaginaria y que el mundo se está transformando en Tlön. El mundo se está transformando en una utopía.

Considero que Borges (fallecido el 14 de junio de 1986 en Ginebra, Suiza)  plantea varias cosas fundamentales: ¿por qué la realidad es cómo es?, ¿cómo debería ser? y ¿qué sería necesario para transformar el mundo que conocemos y la percepción de éste sobre sí mismo?

Además, el escritor argentino echa mano de un recurso muy simple para tratar de explicar su idea: recurre al mito, crea una fantasía literalmente, un cuento. Tal como los adultos explican a los niños lecciones morales, usando el mito para entender la realidad, creando una idea ideal como meta real.

En lo personal, esta parte del cuento de Borges siempre me ha llevado a cuestionarme sobre el origen de textos tan trascendentales y milenarios como La Biblia y cada uno de los libros que la integran, al igual que muchas otras ideas presuntamente milenarias.

Se me viene a la cabeza la mitología griega, los evangelios apócrifos y textos místicos como El Kybalión, cuya autoría es atribuida a los llamados Tres Iniciados, entorno a quienes hay un gran toque de mito para hacerlo digerible, pero también sirve darle peso y -tal vez- para darle trascendencia 

Seguramente, ustedes han escuchado la expresión “si hay duda, no hay duda” y la retomo porque encierra una reflexión velada: que la falta de certeza y todos los cuestionamientos en torno al tema en cuestión nos confirman la imperiosa necesidad de convencernos.

Esto significa activar un primer motor mental: cuestionar lo que tenemos enfrente. Sin embargo, no podemos envolvernos en una avalancha de dudas que nos arrastren sin poder asirnos a una idea propia. 

Debemos de aprender a encontrar esa idea propia que nos servirá de soporte y que me permitirá formar mi criterio. al estudiar el tema que hoy nos ocupa, “La Duda Metódica”, me llevó inevitablemente a una carambola de ideas empezando por el filósofo René Descartes y su Discurso del Método a fin de hacer un efectivo proceso de cuestionamiento.

El pensador francés dice que “se debe dudar metódicamente hasta obtener una evidencia empírica teniendo en cuenta las falacias de los sentidos y la variabilidad de las opiniones”. Es decir, organizar el pensamiento, discernir, valorar, descartar y confirmar.

Entonces, nos podremos a pensar ¿qué tanto de lo que conocemos o de los prejuicios que nos influyen son reales?, ¿qué es fantasía? y ¿qué es la realidad?

Llevando la duda a un ejemplo práctico que conozco, el periodismo, les puedo comentar que en este bello oficio no basta con preguntar, pues hay que saber qué preguntar. Una entrevista lleva una secuencia lógica que va profundizando en la información hasta permitir alcanzar el objetivo central.

Considero que con lo que debemos quedarnos es poner en duda nuestra realidad todo el tiempo para tratar de entenderla, pero principalmente para buscar transformarla. Otro punto es el ordenar el pensamiento para poder procesar la información que nos llega y poder pasarla por el ejercicio del razonamiento. Y también aprender a leer entre líneas, aprender a distinguir los niveles de lectura: el literal, el simbólico y el temporal, en dos niveles (el tiempo y el espacio).

¿Y por qué será que es importante dudar? En lo personal, estoy cierto de que cuanto se te acaban las preguntas abandonas la oportunidad de aprender algo nuevo desde la falsa pretensión de considerarse experto en algún tema. Se pierde la capacidad de asombro y el hambre de conocimiento.

Tal vez esto no sea así, pero por hoy, a 35 años de la muerte del maestro Borges, sólo quiero dejar esa duda.