Muere Mikel Azurmendi, el ex miembro de ETA que se convirtió al cristianismo

Este 6 de agosto del 2021 se anunció el fallecimiento del antropólogo español Mikel Azurmendi, quien a fines de la década de 1960 fue miembro de ETA, la mundialmente conocida organización terrorista nacionalista vasca.

Pero el paso de Azurmendi por ETA no lo determinó, sino que su corazón inquieto lo llevó a tomarse en serio su propia humanidad al grado de abandonar la organización cuando intentaban llegar al poder por medio de la violencia.

Así lo narró el mismo cuando acudió a una junta en donde se abordó la planeación de un asesinato. Otra vez, en un atraco, la Guardia Civil disparó cerca de él y la metralla pasó a dos metros suyos y no le pegó.

Luego de que un compañero suyo aseinara a un guardia civil, Azurmendi cayó en la cuenta “de lo que viene encima”: una dinámica de matar.

“Intervenimos para que ETA deje de matar y se convierta en un partido obrero”, señaló.

“Somos expulsados de ETA en 1970 y escribimos en su contra”.

Tras el asesinato de Luis Carrero Blanco, el sucesor de Franco, ETA festejaba; él y los incipientes críticos condenaron este hecho.

“Es malo para la libertad en España. La izquierda está encantada con la violencia de la muerte”, indicó. A partir de ahí, comienza una búsqueda.

El inicio de un camino interior

Sus peripecias lo sacaron de España y viajó a Alemania y Francia, donde trabajó y comenzó desde cero. Algunos de sus amigos etarras también huyeron de España.

“Reflexiono sobre lo que me había sucedido, mi expericncia es decisiva en el 68”, llegó a decir.

“Comienzo con este rechazo a la violencia. Inicio con una ética mínima para andar por la vida que consiste en no dañar nunca al otro”.

Esto lo lleva a preguntarse por la razón de ser de no hacerle daño a nadie.

El rechazo a una concepción ideológica de la libertad

Para él, ETA representó una concepción ideológica de la libertad, que consistía en separar a “los buenos” de “los malos”.

Este corazón inquieto lo llevó a estudiar con seridad al hombre a través de teorías antropológicas, como él confesó en alguna ocasión, las cuales le parecían insuficientes.

Fue cerca del final de su vida que se convirtió al cristianismo luego de conocer a algunos miembros del movimiento eclesial católico Comunión y Liberación.

“Al final de mi vida he visto el sentido”, dijo Azumendi en uno de los encuentros con el movimeinto.

Él dijo que conocía a Emmanuel Levinas, un teórico del personalismo, y que este filósofo le abrió la puerta a Comunión y Libración.

“¿Qué has visto en nuestra tribu?”, le preguntó una vez el periodista Fernando de Haro, a quien Mikel solía escuchar en la radio y cuya postura comenzó a admirar cada vez que oía sus transmisiones.

“He visto el rostro de los resucitados”, dijo, “todos los días es resurrección. He encontrado, he visto aquí, gente de otra pasta”, dijo.

“Fernando me ha enseñado a mirar la realidad. Uno puede rechazar un regalo y después estarlo buscando toda la vida (…) Yo buscaba el sentido el mundo y esto tiene que ver con un lanzarte al otro”.

Signos que llevan a una presencia

Y así fue como comenzó a seguirle la pista a Comunión y Liberación por un interés sociológico, pero también humano, lo que le abrió la puerta a una amistad y cuyo fruto fue el libro El Abrazo: hacia una cultura del encuentro.

Había descubierto que la vida es para entregarla y que el otro es un bien.

“Este es el estilo humano, el estilo tiene que ser el de entregar la vida y que el otro es un bien”.

Y estos signos le llevan a una presencia: Jesucristo.

“Si este es el estilo de vida eminentemente humano, por lo tanto, Dios existe”.

“Gracias a ustedes llego a esta conclusión. El amor, no la rivalidad. Dios solo puede llegar a través de hombres y mujeres como ustedes”.

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