500 Años no bastan

EL REZAGO CRÓNICO DE LATINOAMÉRICA, DEL RÍO BRAVO A LA PATAGONIA

“El atraso de los pueblos hispanoamericanos,
donde predomina el elemento indígena,
es difícil de explicar”.

José Vasconcelos, La Raza Cósmica, 1948.

Han transcurrido 529 años desde el llamado “encuentro de dos mundos” ocurrido el 12 de octubre de 1492. En realidad, más que un encuentro, se trató de una colisión cuyas inercias corren aún a diferente velocidad y, como en cualquier otro choque violento, en direcciones opuestas. Ni unos lo buscaban, ni los otros lo esperaban. 

Sin duda, éste sí es un hecho que trastornó el rumbo de la historia y obligó a replantear totalmente la visión que se tenía del mundo a lo largo de toda la historia precedente de la humanidad.

Entonces, ¿cuál es el balance de tan importante choque cultural?, ¿cuál es el resultado de ese cambio?, ¿cómo se podemos valorar, a 5 siglos de distancia, el aporte que esto significó no para las miles de las generaciones que lo sufrieron ni de otras tantas que lo han padecido en todo este tiempo, sino en quienes hoy mismo resienten las consecuencias de hechos que probablemente desconocen arrastrados por una por realidades y circunstancias que no demuestran haber sido favorables para Latinoamérica?

En ese sentido, México tiene la oportunidad de lanzar una estrategia de Diplomacia (tradicional y cultural) para toda América, con énfasis en Latinoamérica con el objetivo de volverse un puente -natural, geográfico, estratégico, económico y político- entre las 33 naciones de centro y sur del continente para unirlas con el norte, Canadá y Estados Unidos, países que se han desligado gravemente de su relación regional con el resto de América conformando un subcontinente que vive otra realidad ajena a los problemas que más duelen en la región, desde pobreza hasta inseguridad. 

  • NOTA: Antes de continuar, debo aclarar que para efectos de dicha tarea todas las referencias a “América” serán empleadas como sinónimo de continente, mientras que el término “americano” será empleado como gentilicio de todo el continente, y no así para referirse al ciudadano estadounidense, como se suele entender en toda la región y principalmente en el propio Estados Unidos.

Esta tarea para la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) daría a México el estratégico papel de líder regional y promotor de la integración única de toda América como una sola: UNA AMÉRICA con el objetivo común de crear una alianza única y eficaz que vigile y acelere el desarrollo económico y social de todos los países americanos, más allá de acuerdos meramente comerciales.

La Secretaría de Relaciones Exteriores deberá ajustar su relación con los países de Latinoamérica con el objetivo de convertirse en el principal líder de la región e interlocutor con Estados Unidos y Canadá, en una estrategia multi institucional en la que se buscará impulsar el desarrollo de cada país con mediciones en indicadores de calidad de vida. 

Entonces, un primer paso será exponer y admitir el rezago histórico que presenta de forma crónica toda región latinoamericana del continente para dar paso la integración total con objetivos comunes y claros en materia de pobreza, desigualdad, democracia, justica, desempleo, salud, medio ambiente, educación (valores), violencia intrafamiliar, discriminación y migración, pues al elevar la calidad de vida, en consecuencia, se espera que hay menos personas que dejen sus lugares de origen por falta de oportunidades.

Para ello, es crucial identificar el factor común que comparten los 33 países y entender sus particularidades individuales para atacar el rezago de fondo y con miras a una transición que probablemente tome décadas y que ofrezca algunos frutos en el mediano plazo, pero que indiscutiblemente se tiene que empezar a realizar de manera urgente.

Haciendo un guiño con la Doctrina Monroe, se requiere apropiarse y redefinir los términos “americano” y “América”, como método de identidad e integración para todos los habitantes del continente y en español por su importancia en todo el territorio. 

Así que “América para los americanos” no se debería entender sólo para los estadounidenses, y esto se logrará con campañas de comunicación que apelen al orgullo de cada país por su origen frente a los otros continentes, sin dejar de lado las riquezas originarias y las diferencias naturales de cada cultura.

Se trara de hablar de una sola América sin los regionalismos que dividen políticamente el continente y que han dejado a Centro y Sudamérica a la zaga del Norte, circunstancia que ha alejado a México del resto de las naciones latinoamericanas.

Más allá de los beneficios económicos y programas sociales, que podrían ser apoyados por otros organismos internacionales que ya lo hacen, como la propia Unión Europea, es la oportunidad de compartir estrategias para resolver problemas comunes que estos países han venido arrastrando desde hace décadas o siglos para lograr acelerar el desarrollo social que lleva, al menos, medio siglo de retraso respecto a EU o Europa en el desarrollo de políticas públicas que cambien de forma real la calidad de vida de los americanos.

Es donde cobra relevancia el análisis del economista turco Daron Acemoğlu y del británico James A. Robinson, quienes en su libro ¿Por qué fracasan los países? exponen de manera clara las dificultades y teorizan sobre el origen de la desigualdad crónica entre las naciones: que para el caso americano se podría resumir a la falta de instituciones fuertes, a la escasa particiapción ciuadadana en el ejercicio del poder y su vigilancia, y el crónico rezago educativo, tenológico y, muy importante, moral.

Una vez entendido y atendido el origen del rezago en la velocidad del desarrollo de Latinoamérica, se estará en condiciones de poder trabajar de manera conjunta y coordinada en la región en beneficio de aproximadamente 667 millones de habitantes. 

Así, resulta primordial identificar qué ha ocurrido con América y los motivos que la han llevado a arrastrar el rezago de sus pueblo y gran parte de la población de la región, azotada por la pobreza, la falta de movilidad social, educación, oportunidades, servicios básicos, trabajo que le permitan elevar su calidad de vida y, en consecuencia, el fortalecimiento de la región a nivel mundial. 

Debemos distinguir cómo las inercias de América y Europa, involucrados en el choque cultural, van en sentidos distintos hasta la fecha desde los últimos 500 años y, principalmente, en el último siglo: Mientras el llamado Viejo Continente ha superado los rezagos de la Primera Guerra Mundial y la Segunda Guerra Mundial y a importantes conflictos económicos -intra e intercontinentales-, el Nuevo Continente no ha logrado desarrollar ni siquiera la resiliencia financiera para que cada unos de sus países supere la infinidad de conflictos internos -principalmente de gobernanza- que arrastra desde sus propias movimientos revolucionarios o sociales.

Europa se pudo sobreponer a la Segunda Guerra Mundial (1 de septiembre de 1939 al 2 de septiembre de 1945) con el impulso de la cooperación económica entre los países de la región, lo que en 1957 se firma el Tratado de Roma para concretar la creación de la Comunidad Económica Europea (CEE), integrada inicialmente por Alemania, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo y Países Bajos.

Cabe mencionar que mientras en la Unión Europea ha sumado más integrantes a la Agenda Estratégica para alcanzar objetivos comunes en favor de la región y su incidencia en proyectos mundiales, como el cambio climático, la promoción de valores, promoción del modo de vida europeo, la economía en favor de las personas y el impulso a la democracia, entre otros. A la fecha son 27 países miembros y la más reciente y más sonada salida fue la de Reino Unido, conocida como el Brexit, que dejó la Unión Europea apenas el 31 de enero de 2020.

Sin embargo, América no ha logrado concretar una alianza sólida ni reconocida por todos los países del continente ni fuera de él a pesar de esfuerzos regionales, como la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), organización intergubernamental integrada desde 2007 por 12 países como una evolución de la Comunidad Suramericana de Naciones (CSN), fundada apenas en 2004; la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), que es otro mecanismo intergubernamental de diálogo y concertación política entre los 33 países de América Latina y el Caribe, que opera desde 2011.

Tal vez el único antecedente de mayor antigüedad, aunque no se mayor peso, sea la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), una de las cinco comisiones regionales de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que opera desde el 25 de febrero de 1948, pero son tener mayor presencia e integración a pesar de ser el único organismo regional en el que participan Estados Unidos y Canadá, más el apoyo de potencias no americanas como Alemania, Francia, Japón, Reino Unido y Países Bajos.

El resto de los esfuerzos de cooperación se ciñen a objetivos económicos que aspiran a tener impacto social sólo de manera colateral mediante tratados comerciales como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) entre México, Estados Unidos y Canadá que inició hace apenas 3 décadas, el 1 de enero de 1994, pero que recién fue renegociado en 2018 para dar paso al renovable  Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC). Otros ejemplos sin mayor impacto social y con poca continuidad política son el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), que data de 1994, y el Mercado Común del Sur (Mercosur), donde participan las mismas naciones que la Unasur y fue fundado en marzo de 1991.

Entre tanto regionalismo dentro de América, el 14 de diciembre de 2004 surge también la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América – Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP), a propuesta de Venezuela y Cuba con la participación de Antigua y Barbuda, Bolivia, República Dominicana, Granada, Nicaragua, San Cristóbal y Nieves, San Vicente y las Granadinas, y Haití.

Como podemos observar, aunque los esfuerzos de tender alianzas americanas han sido incluso contemporáneos entre sí, como ocurre entre el surgimiento de la Comunidad Económica Europea (1957) y la CEPAL (1948), sabemos que los resultados y los efectos no han sido ni de lejos similares entre Europa y América. Mientras la Unión Europea se organiza para colaborar y apoyar otras regiones del mundo, la CEPAL no ha tenido mayor impacto en el terreno propio más allá de buenas intenciones. 

Es decir, en América se han hecho malas copias de proyectos provenientes de Europa sin tener el convencimiento común ni el acuerdo previo, ni la disciplina política, para concretar los objetivos planteados o sostener el proyecto a pesar de la renovación constante de gobernantes en los países miembros, prueba de ello es que el desarrollo económico arroja abrumadores datos duros dispares frente a esfuerzos “similares”.

Muy atrás y ya casi en el olvido han quedado los proyectos sectarios para impulsar la creación de una moneda única que fortalezca la región y compita con el dólar estadounidense y sea un símil del Euro, como en su momento se ha hablado del Sucre para la región bolivariana o la idea del Amero para la zona del TLCAN. Otro bosquejo de seguir las huellas europeas para construir el camino propio de América.

De acuerdo con el Informe de Riqueza Global 2021 (The Global Wealth Report 2021), elaborado por el Credit Suisse y que analiza la riqueza de los hogares de 5 mil 200 millones de personas en todo el mundo, durante 2020 y pese a la crisis económica causada por la pandemia por COVID-19, 28.7 billones de dólares aumentó la riqueza mundial, para sumar 418.3 billones de dólares y alcanzar 7.4% de crecimiento. Esto se traduce en la cifra récord de 79,952 dólares por adulto. Sin embargo, el incremento de la riqueza mundial no se distribuye de manera homogénea en cuanto a las regiones, siendo que mientras Europa promedia 174,836 dólares de riqueza por adulto y Estados Unidos alcanza 486,930 dólares por adulto, en Latinoamérica la cifra promedio es de apenas 24,301 dólares por adulto. Es decir, el ciudadano americano no promedia ni la séptima parte de la riqueza del europeo.

De manera paradójica, la edición 35 de la lista de Las Personas más Ricas del Mundo 2021 de la revista Forbes revela que 8 de los top 10 son ciudadanos americanos, en específico de Estados Unidos. El listado es encabezado por el estaounidense Jeff Bezos, a quien se estima una fortuna de 177 billones de dólares, de los cuales 64 billones de dólares provienen de 2020, el año de la pandemia. Y le sigue otro estadounidense, Elon Musk, quien acumula una riqueza de 155 billones de dólares. Mientras que el tercer sitio es para un europeo, el franés Bernard Arnault, quien tiene 150 billones de dólares, el siguiente europeo es el español Amancio Ortega, con 77 billones de dólares. El primer latinoamericano de la lista es el mexicanos Carlos Slim Helú con 62.6 millones de dólares y en el lugar número 16 de la lista mundial. 

Ciertamente, esto también revela que no es equiparable el subcontinente de América del Norte con el resto de América, muy similar a la relación entre Europa y la Europa Oriental. Hay riqueza regional, aunque centralizada también, pues el estudio recuerda que “el 50% de la población mundial posee el 1% de la riqueza generada, mientras que el 1% de los más ricos se reparte casi el 50% de todos los bienes del mundo”.

América Latina ha tenido casi 200 años
en independencia económica. Sigue siendo,
sin embargo, un área mixta, insuficiente
en iniciativas locales, tecnológicamente desigual, necesitada de emprendimiento. Este patrón
de desarrollo atrofiado refleja la tenaz resistencia de las viejas costumbres y los intereses creados”.

(Landes, 1998, p. 493)

Entonces, ¿a qué se debe?, ¿qué tiene América que no logra igualar la velocidad de desarrollo de Europa para generar potencias económicas, liderazgos mundiales y consolidar una fuerte alianza regional que permita resarcir el rezago entre las 33 naciones del territorio y dentro de cada país, y así terminar de sumar e incluir a Canadá y Estado de Unidos en la idea del futuro americano?, ¿es porque su gente apática, sus gobiernos sin ética ni moral, son sus democracias incipientes, son sus corruptas instituciones o se trata sólo de seguir cargando a cuestas una historia en la que otros nos tienen que decir qué hacer, cuándo y cómo?, ¿es la falta de ideas propias, la falta de valores en las generaciones pasadas, presentes o futuras? ¿O todo se reduce a una eterna conquista ideológica, de la cual no nos hemos independizado? 

En América Latina, los graves problemas
de corrupción y la ineficiencia administrativa
en las entidades del Estado impiden mejorar 
la  situación  de  los  más  pobres.  La  corrupción  hace  que  cuantiosos  recursos  destinados 
al  mejoramiento  de  la  calidad  de  vida 
de  los  sectores  más  pobres  se  desvíen  hacia 
el  enriquecimiento  de  funcionarios  públicos 
y empresarios  inescrupulosos”.

(Cortés, pp. 48-70, 2021)

Sinceramente, es un poco de todo lo anterior a la vez, pero también y es urgente reflexionar sobre lo que enferma a América y la tiene en un letargo del que no puede o no quiere despertar. Ideas ha habido y liderazgos también, desde los libertadores hasta algunos gobernantes actuales; pensadores que han querido impulsar sus nacionales y a toda la región, pero no han sido entendidos o no han sido escuchados.

Ya lo ha dicho José Mujica, ex Presidente de Uruguay, cuando ante los Mandatarios y representaciones diplomáticas de los 12 países de la región sur de América Latina (UNASUR) expuso en diciembre de 2014 uno de los discursos más directos, claros y sinceros que requieren los americanos para reconocer su rezago, admitir sus debilidades, pero contribuir al de nuevas ideas alejadas del conflicto y de la venganza, apoyándose en la comparación sugerida frente a las guerras entre países europeos.

El mundo que tendremos será el que seamos capaces de lograr y los latinoamericanos tenemos que ser, por haber llegado tarde y de atrás,
un reservorio de lo mejor de la civilización humana, un continente de paz, un continente
de justicia, un continente de solidaridad,
un continente donde es hermoso nacer y morir,
un continente que le dice sí a la justicia,
un continente sin odio, un continente
sin venganza, un continente que dignifique
la existencia del hombre arriba de la Tierra como animal que cuida lo portentoso de la creación
que ha significado este barco de vida que
es el planeta”.

A la fecha, América -y en particular Latinoamérica- tiene un rezago tecnológico, industrial, de defensa de los derechos y de pensamiento, de siglos… del mismo ocurrió en 1492, cuando ya habían sido planteadas ideas universales por los filósofos griegos en la cuna de la civilización, mientras que en América no hay obras previas  a la Conquista de tal magnitud. 

“En América, la clasificación para los últimos
150 años era completamente distinta a la de hace 500 años.

Mientras Estados Unidos empezaba
a experimentar la revolución industrial
en la primera mitad del Siglo XIX, México
se hacía cada vez más pobre”.

(Acemoglu, pp. 737, 2018)

Sin embargo, en el Siglo XX hubo importantes esfuerzos por promover valores y el libre pensamiento entre la población. Tal es el caso de la Cartilla Moral de Alfonso Reyes, documento que apenas el Gobierno del Presidente mexicano Andrés Manuel López Obradror, como una herramienta para promover valores universales sin recurrir al culto religioso.

La voluntad moral trabaja por humanizar más
y más al hombre, levantándolo sobre la bestia, como un escultor que, tallando el bloque de piedra, va poco a poco sacando de él una estatua”.

(Reyes, P. 10, 2018)

La difusión de la Cartilla Moral abochornó a la Oposición en México, incluso, a los sectores más conservadores que tradicionalmente han propugnado por los valores familiares, de la patria y universales como ingredientes para formar una sociedad más sólida, pues se acusó de ideologizar a la población. De imponer una moral y una forma de pensar a personas libres. Algo similar observa Enrique Krauze en José Vasconcelo, algo que denomina “la doctrina espiritual que ejerció:

“La revolución educativa representaba, por así decirlo, un orden nuevo, una catolicidad de la cultura”.

(Krauze, pp. 93, 2013)

Conociendo esta resistencia interna, que surge y frena avances en distintos ámbitos, pareciera que América está atrapada en las propias trampas que se ha tendido sin saber: dejar de lado la educación y de valores, que como sabemos son claves desde la visión del pensamiento europeo. Una gran diferencia para percibir el mundo y adaptarse al cambio.

Esta resistencia a transformar el presente construyendo un nuevo futuro desde la educación, por ejemplo, nos remite a la idea del pensamiento del conquistado, quien se doblega para sobrevivir y deja de pensar por sí mismo para obedecer: pensar como pobre, es decir, esperar a que nos digan qué pensar, qué creer, qué hacer y hasta qué querer.

Al respecto, el historiador israelí Yuval Noah Harari plantea que la resistencia al cambio es una reacción absurda ante el constante cambio.

“La gente teme el cambio porque teme lo desconocido. Pero la única y mayor constante de la historia es que todo cambia”.

Sin embargo, como hemos podido reflexionar, los 529 años que han transcurrido desde el Descubrimiento de América no le han bastado a las naciones de Latinoamérica para aprender el mismo ritmo de desarrollo que sus descubridores y, a la postre, conquistadores; ni para adaptar planes europeos o crear esquemas originales que le permitan integrarse como una red fuerte para asistir a los más rezagados o para enfrentar crisis globales. Es por ello que cobra relevancia la idea de unificar y fortalecer la región mediante el proyecto de integración de América para resarcir el rezago crónico que presentan los 33 países de Latinoamérica frente a Europa, la Unión Europea, Estados Unidos o Canadá.

EPÍLOGO: Apenas el pasado 18 de septiembre tuvo lugar la Sexta Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños en Palacio Nacional de México en la Ciudad de México, donde quedaron exhibidas fuertes -recientes y viejas- rencillas regionales que dejan pensar en lo lejos que está el sueño de tener una sola América para todos los americanos.

BIBLIOGRAFÍA

  • Acemoglu, D. (2018). ¿Por qué fracasan los países?. México: Booket Paidós México.
  • Cortés, F. (2021). ¿Es la pobreza mundial un problema de justicia para los países más ricos? Septiembre, 2021. Universidad de Antioquia Sitio web: https://
    revistas.udea.edu.co/index.php/estudiospoliticos/article/view/342510/20805006
  • Landes, David. (1998). The Wealth and Poverty of Nations: Why Some Are So Rich
    Krauze, E.. (2013). Redentores. México: Debolsillo.
  • Research Institute. (2021). Global Wealth Report 2021. Septiembre, 2021, de Credit Suisse Sitio web: https://www.credit-suisse.com/about-us/en/reports-research/global-wealth-report.html
  • Reyes. A. (2018). Cartilla Moral. México, CDMX: Gobierno de México.
  • Télam. (Diciembre 5, 2014). Presidentes suramericanos inauguraron la nueva sede de la Unasur en la ‘mitad del mundo’. Marzo 20, 2021, de Télam Agencia Nacional de Noticias Sitio web: http://www.telam.com.ar/notas/201412/87898-presidentes-suramericanos–nueva-sede-unasur-mitad-del-mundo.php
  • Vasconcelos, J., (1948). La Raza Cósmica. Ciudad de México, México: Espasa, Calpe Mexicana.