Filosofía y Persona: Estar en el mundo

Desde hace tiempo tengo una lucha interna con mi faceta de filósofo, ya que no consigo comprender por qué razón se ha impuesto un ver, oir y callar que no ha sido antes común en mí, un silencio que percibo como frustrante, como si hubiera una incapacidad para expresar mis ideas.

Nunca he sido dueño de una palabra escrita fluida, cosa que cambiaba con la oralidad, pero de un tiempo a esta parte me cuesta infinito hilar un texto de manera coherente, hasta el punto de no conseguir finalizar un libro que tengo por concluir, siempre en eterna revisión y modificación. Pero tras escuchar unas cuantas conferencias de varios apreciados maestros me siento forzado al menos a expresar algo que quizás tenga que ver con mi ausencia en el negro sobre blanco.

Filosofía de la Persona o Personalización de la Filosofía

La Antropología Filosófica ha sido un área que siempre he abordado desde el Personalismo Comunitario, ya que mis raíces son las que durante el Siglo XX han forjado Péguy, Mounier y Díaz. Me he mantenido en constante discusión con otros filósofos que consideran a la Persona como centro de su pensamiento, una discusión que en muchos casos me ha aportado mayores bases conceptuales y filosóficas, más amplitud de miras, y una constante actualización. Y si de algo trato de huir es de la repetición continua de lo que dijeron otros, ya que es necesario trasvasar al momento que se vive las formas de pensar de otras épocas, aun tratándose de personas vivas.

Pero escuchando a mis más recientes maestros ahora, encuentro resistencia, absolutismo, persistencia en formas para las que ya deberían aparecer nuevas formulaciones, con el riesgo que otros pusieron en juego antes, la potencia de palabras viejas en odres nuevos que permiten renovar el mensaje, la constante necesidad de transformar el mundo siempre imperfecto hacia mejores formas. No se trata de ese triste intento de la posmodernidad de destruir para reconstruir, sino en realidad llevar a cabo la deconstrucción, la recomposición de lo dicho y hecho para seguir en la tarea de crear. El pensamiento humano, otra forma de decir antropología filosófica, es comprender el tapiz de lo que es, que fue retejido partiendo del que fue, para retejer cada vez más espesamente lo que será.

Clericalizadores del pensamiento

Convertir la Ontología, la Fenomenología o la Hermenéutica en causas fundamentales de nuestro quehacer filosófico nos parcializa hasta tal extremo que nos convertimos en meros técnicos del concepto, en clericalizadores del pensamiento, consultores a tiempo completo del devenir. Reconozco que he ido bebiendo de fuentes diversas del pensamiento abstracto y de la ciencia, que no puedo comprender el mundo sin lo que comprendo y sé de como lo contemplan la Teoría de Cuerdas o la Física Cuántica, o de cómo se posiciona un realista o un sociólogo.

El horror de convertir la Ciencia o la Filosofía en verdades absolutas es el punto de fuga que se encuentra en el horizonte del que muchos parecen no percatarse. Manejamos nuestras concepciones básicas sobre la Persona con demasiada veleidad, pero sobre todo sin adaptarlas al momento que vivimos.

Hablar de Persona sin tomar en cuenta las circunstancias que me hacen presente las deja inútiles para el servicio principal de transformar. Es como si emitieran silencios, ese es el efecto en los potenciales escuchantes. Sólo los ya convencidos escuchan, preconvencidos por que el campo semántico les es familiar y los conceptos también. Y lo mismo sucede en prácticamente todas las áreas del conocimiento, de la investigación, de la política.

Spes ex ordo amoris, summa personae

Filosofía de la persona o desde la persona

La importancia del lenguaje en filosofía es trascendental, trasciende los conceptos tratados y los difunde o aplasta según su uso. Y si de algo pecamos en castellano y por tanto en la filosofía en castellano es de un pésimo uso de las preposiciones. No es lo mismo usar el acusativo que el ablativo, si queremos articular un pensamiento que parta de la Persona estamos en movimiento, en acción. Estaríamos hablando de aquello que realiza el ser persona de manera constante, la liberación, la transformación, la poiesis de lo que estamos llamados a ser o somos capaces de ser. La constante adición de nuevas acciones que debemos, queremos, nos imponen hacer y que van conformando la persona que soy.

No podemos filosofar sobre las características de la persona y ya está. Eso es un realismo ontológico que provoca estatismo, de la misma manera que estatalismo. Nos inmoviliza y crea las instituciones previstas para mantenernos inmóviles, y no solo en el terreno social sino en lo trascendente también. Si además de una esperanza de diario, creemos en una esperanza en lo infinito, no puede ser amarrados por las constricciones de una única creencia, sino abiertos a la trascendencia.

Comunidad

La persona no puede ser comprendida sin la comunidad, ni viceversa. Separar ambos conceptos tiene un interés claro de desvincular la voluntad de transformación y liberación. Y la comunidad no puede quedar restringida a la comunidad de personas humanas. Una apertura no puede llevar a un cierre inmediato sobre sí mismos, debe integrar aquello que conocemos como parte de la persona, que va más allá del cuerpo y la suma de otros como ella. La Biología nos ha aportado esa ausencia de diferencias, de la misma manera que certificó que no había razas humanas, sino una única humanidad, la humanidad es parte de una comunidad aún más grande que es la casa común, el Oikós.

Que cada individuo es especial, que cada especie es especial, no sirve para justificar la diferencia de estatus, sino al contrario, para justificar una posición igual de relevante para el orbe. El semejante es quien vive sobre el planeta y debemos mantener una relación cada vez más solidaria entre nosotros.

Soy amado, confío, doy fe

Nunca podremos ponernos de acuerdo en qué es primero, amar o ser amado. Porque es un momento de simultaneidad imposible de discernir, de separar en tiempos. Amar es una acción, como la de liberar y ser liberado, y por mucho que llevemos a cabo un análisis será meramente circunstancial, funcional, una herramienta para llevar a cabo eso que tanto nos gusta que es investigar las causas, las razones, las consecuencias, las influencias. Amor, liberación, son intrínsecas al ser humano, desconocemos en qué medida lo son de otros seres conocidos o por venir, pero son el motor que mueve la historia, el tiempo.

Y en consecuencia, como seres temporales somos capaces de poner nuestra esperanza en algo o alguien, confiar, y además de dar testimonio de esa confianza, de esa esperanza, en otras personas. La temporalidad, la historicidad nos coloca en el camino de la transformación de la realidad, ese terco escenario de nuestros días, donde llevamos a cabo nuestras mejores y peores acciones.

La desesperanza

Precisamente porque somos esperanza, porque somos seres rebelados y también revelados, cabe la desesperanza, el sometimiento y la oscuridad. Es un camino que se recorre con lentitud y del que depende muchas veces que nuestro ser persona mantenga la cordura o la visión de un futuro. La esperanza y la desesperanza son formas de un mismo momento, de una misma capacidad, de una misma posibilidad de desarrollar nuestra temporalidad.

Un comentario en “Filosofía y Persona: Estar en el mundo

  1. Gracias por atreverte a escribir, y gracias si luego te has arrepentido y has dudado de que mereciera la pena. Sólo sé que no sé nada. Es un importante principio para poner todo en duda y no debe servir para pararnos en la duda, es un grito para la paz, para la comprensión mutua y para comprender el mundo. Sabiendo cuán relativa es una verdad, incluso un hecho. Conocerte en persona como es el caso, sabiendo de tu valentía, de tu responsabilidad y de tu coherencia ética, y apreciar la gran persona que eres, tus palabras deben ser parte de esa programación de tú pensamiento, pero ese lenguaje siempre se queda corto para explicar del todo a la persona y sus actos. Y sin embargo es el lenguaje y la comunicación que propicia tan importante que no debería ser considerado corto, desde niños el lenguaje nos explica el mundo y las emociones, interioriza las acciones y se hace pensamiento. Por eso, reitero que gracias por escribir.

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