Cuando se quemó el mar…

¡Ayuda, el mar se quema! y ahora, ¿cómo lo podremos apagar? Hace un momento asomé por mi ventana y no pude creer aquello frente mío: el mar se quemaba o, al menos, eso parecía. Todo era tan rojo, rojo fuego; el cielo era de colores tan vivos que aquello perecía en sí mismo. Por eso…

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Hace un momento…

Hace un momento he leído que el hombre es noche y que la noche es nada. Hace un momento he visto el atardecer, con el cual comienza la noche. Hace un momento he sentido el denso manto de la noche que me cubre. Hace un momento quise habitar en ella para siempre. Hace un momento…

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Anochecer ontológico

La noche, noche perfumada y estrellada, llama a todo hombre que inquieto vaga sin saber, sin rumbo sin saber por dónde dejar su vida, pero son pocos los que resultan escuchar sus voces y disfrutar de su melodía. La noche amante a la noche llama, noche que anochece el interior de todo hombre. Pobre hombre…

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¿A qué sabe la poesía?

Y él me dijo: Hijo de hombre, come lo que tienes delante; come este rollo, y ve, habla a la casa de Israel. Ezequiel 3,1 Es un dulzor que no siento en mis labios. Es un dulzor que lo siento dentro mío y que mistifica; a lo hondo llega, hace de lumbrera en aquella oscura…

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Combate

Vivo una guerra más sangrienta que la de Troya, que la cristiana o la de hace décadas. Vivo una guerra un “combate”, romantizado que peleo a diario desde que sale el sol. Vivo una guerra fría, helada, que cala en los huesos y en los soportes del alma. Vivo una guerra que llena de espanto,…

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Pregonero

Ser fraile es contemplar las piedras: es escuchar su ruido y su cantar, hablar con ellas y escuchar eternidad, pues sostienen los pies de quien habla de paz; cálices de sangre, contra toda maldad. Es cuando las piedras quedan, bañadas en eternidad. ¡Oh piedras benditas! testigos de paz si tan solo tuviéramos cuidado de no…

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Somos vino

Te venero, ¡oh árbol de la vid!, porque por tus frutos dulces, dulce haces la vida del hombre; cuando en un arrebato de fuerza sangras hasta la última gota. El silencio se encarga, después, de aromatizar a detalle aquella tremenda agonía que sufrieron tus sarmientos para que el hombre hartara su corazón con el tuyo.…

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