Lo terrible no es todo esto, lo auténticamente terrible es que esta casta gobernante existe únicamente porque lo permitimos nosotros. No es posible un Estado de bienestar sino una sociedad de bienestar, y para construirla es preciso conjugar el esfuerzo diario y disciplinado de todos. No somos esclavos, aunque no nos demos cuenta.

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Lejos de ser una “filosofía superada”, el humanismo tiene no solo la pertinencia sino el potencial de auxiliarnos en estas horas oscuras que atravesamos. Como académico no puedo mantenerme al margen, no puedo mirar para otro lado mientras una creciente ola de salvajismo se apodera de los medios de comunicación global para difundir su veneno.

Se educa a la persona, no solamente al cerebro. Toda pedagogía que omita el carácter existencial de la enseñanza-aprendizaje está condenada a ser no otra cosa que un mero transvase de conocimientos. Descreo totalmente de esta manera de entender nuestra profesión; los que educamos lo hacemos con toda nuestra existencia, no solamente con nuestro instrumental intelectual. No estamos educando trabajadores, estamos educando seres humanos.