No hay mejor vía para conseguir este fin que sentarnos en la tierra, cruzar las piernas, soltar el corazón y concentrar nuestra atención en la respiración, que es metáfora perfecta de los dos movimientos naturales de la vida: aceptación y entrega. Esto es vivir de veras. Después de todo, como d´Ors nos dice una y otra vez en sus novelas y sus homilías: “Pensamos mucho la vida, pero la vivimos poco”.