¿Hay esperanza para México?

Recientemente tuve la oportunidad de dialogar con Matteo Bastianelli, un documentalista y fotógrafo italiano que colabora con National Geographic, quien recorrió pueblos de Oaxaca, Guerrero y Puebla. Matteo conoció de primera mano el drama que viven muchos mexicanos: la violencia, la pobreza, la injusticia, el rezago educativo, pero también conoció a grupos de personas que…

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La trascendencia

La plenitud personal pasa por el abandono de nosotros mismos y la entrega a una “misión” que nos provea sentido. Trascender es abrir la ventana para que se oreen nuestras habitaciones interiores. Sin la voluntad de superarnos a nosotros mismos, nuestra vida se condena a transcurrir entre la parálisis y la actividad vacía. Trascendencia es…

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Asociaciones virtuosas

He conocido algunas personas con un gran talento que tienen también un gran ego, lo que echa a perderlo todo. Se cierran sobre sí mismas despreciando a los demás, seguras de que pueden cargar el mundo sobre sus espaldas: morirán devoradas por los demonios de su arrogancia.

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Bienvenidos, hermanos centroamericanos

No hacerse bolas, los migrantes centroamericanos no son invasores y ni siquiera extranjeros. Son literalmente hermanos nuestros. Compatriotas de la Patria Grande. Durante los más de tres siglos en que se construyó la nueva nación indo-española en el Nuevo Mundo, gran parte de Centroamérica –Guatemala, Nicaragua, Honduras, El Salvador y Costa Rica–, formaron parte de…

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Megamanifestaciones: signo contradictorio en la dictadura postmoderna

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Los miles de estudiantes universitarios que marcharon en el corazón de la Ciudad Universitaria para manifestar su malestar ante diversos eventos acontecidos en diferentes planteles de la Máxima Casa de Estudios y principalmente para repudiar la agresión que sufrieron alumnos por parte de grupos de choque son un signo de contradicción ante la dictadura del relativismo posmoderno. Frente a la comodidad y autocomplacencia de la participación remota y aséptica (vía tuitazos), la identidad de la colectividad universitaria mostró el efecto de la acción puesta en común, personal, arriesgada.

Es el mejor ejemplo de lo que puede lograr un colectivo que está dispuesto a la herida y al accidente por asumir una posición en los espacios sociales, por poner en manifiesto su sentimiento, por expresar su lenguaje y su ardor en los escenarios de la cotidianidad. El otro camino es el encierro que enferma, que expresa su malestar desde la distancia, desde las herramientas de comunicación. Es el encierro que padecen las instituciones que creen posicionar sus ideas a fuerza de boletines y comunicados. Su excesiva cautela y su privilegiada indiferencia apolilla sus mensajes.

Las megamanifestaciones en el siglo XXI son un signo filosófico y antropológico contradictorio; la colectividad pudo hacer lo mismo y expresar las mismas demandas desde sus espacios privados dominados y controlados, sin arriesgar (en redes sociales, por ejemplo). Pero, por alguna razón -de manera aún desconocida- la colectividad eligió un lenguaje propio de la modernidad: el deseo colectivo de superar prejuicios, la noción de la identidad compartida y la distinción entre el prejuicio obtenido y el progreso por obtener. Algunos autores señalan que el postmodernismo es justo la convicción de que cada lenguaje es sólo una forma más (de entre muchas) en el comportamiento social; entonces ¿por qué optar por la manifestación moderna? ¿Qué disparadores emocionales o culturales fueron accionados para sustituir -al menos por un momento- el lenguaje de cosmovisión individual por el lenguaje con perspectiva de objetividad y universalidad?

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Lo acontecido el 5 de septiembre entorno a la protesta de los universitarios tiene tintes de interés histórico, es el ejemplo de que esta generación cuyo ejercicio de libertad y de disidencia se realiza con mucha eficacia desde las redes sociales decidió usar un lenguaje y un ardor distinto: apersonarse, arriesgarse, solidarizarse en un acto común, en un lugar y un ánimo compartido. El sólo hecho de reconocer y reconocerse fuera del subjetivismo o el egoísmo individualista para entrar en contacto con el otro, con la dolorosa realidad compartida es un quiebre en el paradigma y la perspectiva tecnológicos.

La pantalla no suplanta la realidad y el masivo trending topic no sustituye la irremplazable acción personal. Se ha teorizado sobre el cuerpo individual y el cuerpo colectivo, al parecer hay un remplazo de este en los marcos del cambio de milenio. El posmodernismo intenta ir más allá de la existencia y la conciencia; y en el proceso algunos afirman que ha perdido todo idealismo. Pero quizá esto último no sea tan certero. Ojalá estén equivocados porque aún hay muchos ideales por los cuales vale la pena salir a construir.

@monroyfelipe