Somos vino

Te venero, ¡oh árbol de la vid!, porque por tus frutos dulces, dulce haces la vida del hombre; cuando en un arrebato de fuerza sangras hasta la última gota. El silencio se encarga, después, de aromatizar a detalle aquella tremenda agonía que sufrieron tus sarmientos para que el hombre hartara su corazón con el tuyo.…

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