Hemos dejado de sentir pasión por el ser humano y nos hemos refugiado en una caverna de hombres reblandecidos cuya única arma arrojadiza es la ironía. Nada más. Pareciera que nuestro destino no es vivir sino durar; no morir sino extinguirnos. La profundidad y lo complejo han sido desterrados del vocabulario y han sido suplantados por lo fragmentario, lo superficial, lo exploratorio. Somos una generación caprichosa con una incurable fobia a los espejos.

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