Andrej Tarkovskij, poeta de la imagen

El 30 de agosto de 2019 en el festival de cine de Venecia se presentó el documental “Andrej Tarkovskij. A Cinema Prajer”, dirigido por su hijo Andrej Andreevic. Andrej Tarkovskij fue un gran cineasta ruso que murió en París en 1986. Había dicho:

“el significado del arte es la oración y el cine es mi oración”.

La suya es una familia de artistas. Su padre fue un poeta muy conocido en su tierra natal que pronto abandonó a su familia y en la vida de Andrej, la figura de la madre, una mujer profundamente religiosa, se convirtió en fundamental.

Andrej Tarkovskij, 1932-1986. Cineasta, actor y escritor soviético.

No quiero hablar de su vida y su carrera cinematográfica, esta última  que lo hizo ser querido por muchos y no entendido por otros que se dejaron perder por su lenguaje imaginario y simbólico, por el lento ritmo de su narración y por su sensibilidad que les hizo desvanecer sus sentimientos.

Me gusta considerarlo como un artista que se dejó marcar por la riqueza de su propia tierra, por la vida espiritual de su gente y por esa sensibilidad que lo llevó a sufrir los problemas de la humanidad, pero impregnándolos de su optimismo místico.

Dijo Luigi Parejson: “La humanidad del arte es lo que causa, a medida que la vida penetra en el arte, que el arte vuelva a entrar en la vida, y el arte se nutre de la espiritualidad, por lo que puede esta sacar fruto de él”.

Esta reflexión está totalmente adaptada a nuestro director quien, a partir de la nostalgia de su infancia, se abrió a la nostalgia de un futuro, donde la esperanza se expresa en una armonía que se extiende desde la persona a un mundo sin fronteras, finalmente hasta la medida del hombre.

“¿Cómo podemos pensar en un progreso verdadero, si no se respeta la dignidad de la persona?”, Se preguntaba, aplicándolo no sólo a la realidad comunista de su tierra natal, sino también a aquella occidental, donde el hombre por para garantizar sus derechos, tuvo que sacrificar su libertad interior.

Su arte ha echado raíces en la cultura eslava. El elemento que representa una clave para comprender su estética es precisamente el ICONO, la expresión más significativa del arte ruso. Una tabla de madera tratada con ceras, combinaciones de colores selectos y dorados, representa temas y escenas religiosas pintadas con armonía y solemnidad para conducir a la contemplación, a la trascendencia, para acceder a la más alta espiritualidad.

Tarkovskij vivió el cine con esta concepción icónica, siempre en la transparencia del contenido temático, ofrecido en su totalidad como en los iconos.

Y así encontramos la imagen del perro, símbolo de fidelidad, del viento, que trae consigo el eco de lugares y recuerdos coloreados por la nostalgia. El agua, el caballo, el árbol, un signo de enraizamiento, como de la manzana, símbolo del amor.

Las imágenes, entonces, con su ritmo lento revelan recuerdos de los dibujos de Durero, de las pinturas de Piero della Francesca y Leonardo, expresiones de su cultura al servicio del arte y la belleza.

Y es precisamente la idea de la belleza lo que siempre ha mantenido, porque es un símbolo de la verdad.

“La verdad no en el sentido en que se dice verdadero o falso, sino una verdad del viaje hecho por el hombre (…) La verdadera imagen artística no debe expresar la búsqueda del pobre artista, sus problemas de ser humano, sus deseos, sus necesidades, debe reflejar el mundo. No el mundo del artista, sino el viaje de la humanidad hacia la verdad”.

Andrej Tarkovskij

Por lo tanto, es un hombre fascinante y sorprendente,  que invito a quien lee este artículo mío, a conocerlo mejor.

Te agrego algo todavía fascinante: el encanto y el misterio de la santidad está presente en casi todas sus películas, pero en los últimos años de su vida fue una nota apremiante. “A lo largo de mi vida he aspirado en la santidad, pero solo soy un pecador. No puedo contar con esa aspiración”. Y todavía dice su hijo: “para él fue una batalla continua, no aceptó ningún compromiso. Para él, un artista debe servir y no estar orgulloso de su talento. Un rigor que se aplicaba a sí mismo”.

Los críticos dicen que fue una conciencia moral de su tiempo, un artista que siempre ha sentido la responsabilidad de su compromiso y que, en  sus películas ha estado repitiendo el peligro que corre el hombre de hoy si no cura la grieta que existe entre las fuerzas del progreso y las necesidades espirituales.

Sus personajes viven una vida heroica y al mismo tiempo realizan gestos humildes, a los cuales el significado es dado por una fe profunda.