¿Nosotros construimos el reino?

La historia ha demostrado el fracaso y peligro de una mala identificación de la fe con el mundo, dadas las arbitrariedades de la lógica del poder que contradicen al plan de Dios. Su reino no se basa en cálculos o estrategias humanas, esto sería reducir la fe a una causa a que no necesita de la Gracia, sólo “planes de desarrollo o planeación estratégica” para “construir el reino”, no para acogerlo, como pide el mismo Señor en el Evangelio. Esto da pie a un voluntarismo y a la acción del proselitismo que no es otra cosa que el rapto de la conciencia. Jesús no actuó así. Él fue “caminado de pueblo en pueblo y de aldea en aldea proclamando y anunciando la buena noticia del reino de Dios” (Lc 8,1), cumpliendo la misión que le había encomendado el Padre y todo lo que hace es en obediencia a este deseo de Dios. No busca que la gente sea más buena o que cumpla mejor la ley, sino algo nuevo: ser parte de una nueva alianza marcada por el amor. Y Jesús anuncia que ya está aquí, actuando en el tiempo. Eso es lo que ve la gente de Galilea y los pueblos, que en Jesús hay palabras de vida eterna, que Dios es Padre y que seguirlo es el camino seguro. 

Jesús no busca una estrategia política o religiosa para el advenimiento del reino, cosa que asusta a los fariseos y sacerdotes del templo y por esta equivocada comprensión de su prédica lo acusan falsamente ante Pilatos. El reino es una presencia misteriosa en la historia, que no tiene nada qué ver con el “construir o edificar” que hoy hablan algunos cristianos. Un reino que no es sólo una conversión individual, sino la transformación de todo y es por ello que no gusta a los poderes establecidos. La Iglesia desde su nacimiento ha sido pobre y perseguida.  Ha nacido[1] para proclamar un reino, que ya está entre nosotros (Lc 17, 21), no que se “construye”. Corremos el riesgo de pensar que nosotros lo hacemos[2] con los medios del mundo olvidándonos de la acción de Dios, como lo recordaba hace unos meses el Papa Francisco en audiencia general: “Están todas las organizaciones, están los medios de comunicación que informan a todos… Pero la oración no se ve, no se reza. Tenemos que cambiar esto, tenemos que tomar esta decisión que es un poco fuerte… Es interesante la propuesta, es interesante, solo con la discusión, solo con los medios de comunicación, pero ¿dónde está la oración? La oración es la que abre la puerta al Espíritu Santo, que es quien inspira para ir adelante. Los cambios en la Iglesia sin oración no son cambios de Iglesia, son cambios de grupo. Y cuando el Enemigo —como he dicho— quiere combatir la Iglesia, lo hace en primer lugar tratando de secar sus fuentes, impidiéndole rezar, e [induciéndola a] hacer estas otras propuestas”[3]El Papa Francisco nos recuerda que los santos son quienes han cambiado al mundo y a la Iglesia con la fuerza de la oración, y no con dinero, grupos de poder o medios de comunicación. “¿El Hijo del Hombre, cuando venga, encontrará fe sobre la tierra?’. ¿O sólo encontrará organizaciones como grupos de empresarios de la fe, bien organizados, haciendo obras de caridad? ¿O encontrará la fe?”[4]

Para Orígenes Jesús es autobasileía, esto es, su persona es el reino de Dios entre los hombres[5] antes que un espacio o un dominio terrenal. No es un reino como los de este mundo, como le dice Cristo a Pilatos (Jn 18, 36), sino que llega como lo más pequeño e insignificante, así como un grano de mostaza o la levadura, sin estar sujeto al poder terrenal o a lo que puede conseguir el dinero. Esto nos lo recordaba Benedicto XVI a los pies del monumento a Cristo Rey en México: “Las coronas que le acompañan, una de soberano y otra de espinas, indican que su realeza no es como muchos la entendieron y la entienden. Su reinado no consiste en el poder de sus ejércitos para someter a los demás por la fuerza o la violencia. Se funda en un poder más grande que gana los corazones: el amor de Dios que él ha traído al mundo con su sacrificio y la verdad de la que ha dado testimonio. Éste es su señorío, que nadie le podrá quitar ni nadie debe olvidar[6].

Es un rey que entra a Jerusalén en el lomo de un burro y es golpeado y burlado por los soldados del imperio, cuyo trono es la cruz y su declaración de que es rey lo hizo en el total despojo y humillación. Es el Rey de reyes totalmente sujeto a la voluntad del Padre: «nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, por vosotros se hizo pobre a fin de que os enriquecierais con su pobreza.» (2Co, 9). La manera de actuar del plan de Dios fue a través de la pobreza y abajamiento de Cristo, y este es el camino del cristiano como lo recuerda san Ignacio en sus Ejercicios, al recordarnos que el espíritu del mundo nos llama por “poder, riquezas y vanagloria” (Ej 146). La mundanidad espiritual que habla el Papa Francisco nos hace olvidarnos de Dios[7] y nos hace creer que el hombre es el último criterio. El reino es humanamente, un fracaso[8], “El reino de Dios es escatológico, por cuanto que, en último término se apoya en la muerte y resurrección de Jesús y tiene su reflejo sólo indirectamente en los acontecimientos históricos intramundanos”.[9]

Esta tentación integrista de tener el control del rumbo de la historia humana nos da seguridades falsas, limita el pensamiento, nos hace suponer somos “parte de los buenos” y que la realidad está ya descifrada. Si dependiera de nuestra acción el reino, nos haría olvidar el discernimiento: “La intención puede ser sana, pero es malsana la identidad ingenuamente sobreentendida entre el reino de Dios y la influencia político-cultural de la Iglesia, influencia que suele equivaler después en la práctica a la prepotencia de un grupo de mercenarios cristianos que ansían conquistar el mundo. Pero no estamos ya en la Edad Media; las equiparaciones simplistas de cielo y tierra pertenecen al pasado; todas las formas de «francmasoneria» cristiana moderna resultan, a la larga, sospechosas y odiosas en cristianos y no cristianos”[10].

Cristo no será rey porque gobiernen cristianos, porque alcancen poder algún partido determinado o porque se legisle de cierta manera. Eso sería buscar una redención alternativa, haciendo necesaria una estructura social o política para vivir la vida cristiana, siendo que Cristo lo que prometió fue «por mi causa seréis llevados ante gobernadores y reyes, para que deis testimonio ante ellos y ante los gentiles.» (Mt 10, 18) “Busca el reino de Dios y lo demás se dará por añadidura” (Mt. 6, 33). Esto es que el cristianismo es un hacer de Dios antes que el hacer de los hombres: “La acción cristiana es ante todo un hacer secundario que responde a la acción primaria de Dios en el hombre”[11]. Si nos centramos en nuestra organización, planes y proyectos se reduce la fe a una ética o un legalismo. El cristiano está llamado a ser contemplativo, esto es, a tener una relación personal de amor. El Papa Francisco recordaba en su homilía el pasado domingo de ramos que “ante la cruz no hay lugar a malas interpretaciones. Dios se ha revelado y reina sólo con la fuerza desarmada y desarmante del amor”[12]Como dice el salmo 20: “«Unos confían en los carros, otros en los caballos, nosotros en el nombre del Señor, nuestro Dios«.


[1] “La Iglesia, al prestar ayuda al mundo y al recibir del mundo múltiple ayuda, sólo pretende una cosa: el advenimiento del reino de Dios y la salvación de toda la humanidad. Todo el bien que el Pueblo de Dios puede dar a la familia humana al tiempo de su peregrinación en la tierra, deriva del hecho de que la Iglesia es «sacramento universal de salvación», que manifiesta y al mismo tiempo realiza el misterio del amor de Dios al hombre”. El Verbo de Dios, por quien todo fue hecho, se encarnó para que, Hombre perfecto, salvará a todos y recapitulara todas las cosas. El Señor es el fin de la historia humana, punto de convergencia hacia el cual tienden los deseos de la historia y de la civilización, centro de la humanidad, gozo del corazón humano y plenitud total de sus aspiraciones”. Constitución dogmática sobre la Iglesia, Concilio Vaticano II, 21 de noviembre de 1964, n. 45.

[2]  “Todo hacer-el-mundo en sentido cristiano es aquí primeramente un actuarse de la Iglesia. Esto vale centralmente para todo actuar del estado de los consejos, en la medida que en él todo el ponerse en el lugar estable de Cristo es inmediatamente un «revestirse de Cristo», un entrar en su forma, y así configura esencialmente a la Iglesia”. H.U.v. BALTHASAR, Christlicher Stand, Estado Cristiano de Vida, traducción RAV. 4. Los estados y los órdenes mundanos

[3] PAPA FRANCISCO AUDIENCIA GENERAL Biblioteca del Palacio Apostólico Miércoles, 14 de abril de 2021

[4] Ibid

[5] Cfr. BENEDICTO XVI, Jesús de Nazaret, Ed. La esfera de los libros, Roma 2007. p. 181. 

[6] BENEDICTO XVI Homilía Parque Expo Bicentenario de León México, 25 de marzo de 2012

[7]  “Si la cultura cristiana existe o no en una época, no es esto medida definitiva para la vitalidad interior de la Iglesia. El «corazón santo de los pueblos» puede tener que retirarse de nuevo al interior, a la idea del mundo, para recogerse en contemplación y pasión, en vista de una eventual actividad cultural nueva. La fórmula medieval «ex plenitudine contemplationis activus[7]» era ciertamente una fórmula de la época de juventud, pero la explicación que da de ella Tomás (resumiendo en este punto a Gregorio y al monacato antiguo) no es superable: «vita contemplativa est prior quam activa, in quantum prioribus et melioribus insistit, unde et activam movet et dirigit[7]» (Summa Theologiae II II q 182 a 1 c), y sólo porque el maestro cristiano «trasmite lo contemplado», puede interrumpir el acto de contemplación. O más profundamente, con los místicos alemanes: sólo porque el contemplativo, cuando se vuelva hacia el prójimo, co-realiza lo que ve hacer a Dios en Cristo, por tanto, sólo porque en la acción él sigue atendiendo al hacer de Dios, su actuar será una corriente que mana de su visión. Así la posterior fórmula jesuítica, «in actione contemplativus» no dejará atrás la tomasiana, sino que propiamente sólo pondrá de manifiesto que la contemplación de la misión de Jesús se puede realizar como contemplación sólo en la correalización de su misión. La fórmula tomasiana sigue siendo el trasfondo, como advertencia de que un siempre-más en acción en ningún caso garantiza un siempre-más en contemplación, sino que más bien lo amenaza”. H.U.v. BALTHASAR, Christlicher Stand, Estado Cristiano de Vida, traducción RAV. 4. Los estados y los órdenes mundanos

[8]  “Él ha vencido fracasando; la Iglesia recuerda en el fracaso que su fecundidad no se pude interpretar en éxitos terrenos ni en estadísticas sobre el número y el comportamiento de los creyentes. Como en Israel el pequeño resto llegó a ser el «Israel de Dios» definitivamente querido, así en la gran multitud eclesial cuenta siempre el «pequeño rebaño». Sólo de éste vale decir que los cristianos son el alma del mundo, como dice la Carta a Diogneto”. H.U.v. BALTHASAR, Christlicher Stand, Estado Cristiano de Vida, traducción RAV. 4. Los estados y los órdenes mundanos

[9] H.U.v. BALTHASAR Teología de la liberación, BAC Madrid 1978, p. 163-181

[10] H U v BALTHASAR, ¿Quién es cristiano?, Ed. Sígueme, Salamanca, 2000., p. 107

[11] HUv BALTHASAR, Sólo el amor es digno de fe Traducción RAV, cap. 8, el amor como acción

[12]PAPA FRANCISCO Homilía en basílica de San Pedro, domingo, 28 de marzo de 2021 cfr: https://www.vatican.va/content/francesco/es/homilies/2021/documents/papa-francesco_20210328_omelia-palme.html